WORLD CHURCH ESPAÑOL

  • “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan
    3:16.

    Jesús vino a este mundo oscurecido por el pecado para revelar el carácter de Dios, ser nuestro Sustituto, Garante y Salvador, triunfar sobre el mal y otorgar a sus discípulos el don del Espíritu Santo. El testimonio escrito acerca de su vida, desde su bautismo hasta su muerte, es que por doquiera que andaba hacía el bien, atendiendo a las necesidades físicas y espirituales de la humanidad.

    Su vida fue un ejemplo para todos sus discípulos hasta el fin del tiempo. Vivió lo que enseñó, y los doce a quienes ordenó para dirigir se dieron cuenta, y también nosotros debemos darnos cuenta, que el poder divino sólo proviene de una estrecha conexión con Dios.

    En la infinita sabiduría y misericordia de Dios, hemos heredado una perla de gran precio en la gran comisión. Nuestra obra es hacer como Jesús hizo y rendir nuestra voluntad a la voluntad divina para que la gloriosa luz del Evangelio sea vista en el mundo. Mateo 24:14; 28:18-20; Marcos 16:15, 16; Apocalipsis 14:6-14, etc. La encarnación de Jesús, su vida, muerte, resurrección, ascensión, su servicio en el cielo, su pronto regreso y el don de gracia por medio del cual somos salvados a través de la fe, son todos parte del Evangelio que nos toca predicar en palabra y obra.

    El propósito de este volumen es presentar un bosquejo de nuestras normas de trabajo generalmente aceptadas y sugerir guías organizacionales para ayudar a las iglesias y sus dirigentes a seguir más de cerca el ejemplo de Jesús. Él nos mostró que no hay sustituto para la oración, el estudio de la Biblia y el seguir la dirección del Espíritu Santo.

    “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, ... pero hágase todo decentemente y con orden”.
    1 Corintios 14:33, 40.

    “La iglesia de Cristo está en constante peligro. Satanás está tratando de destruir al pueblo de Dios, y el intelecto de un solo hombre, el juicio de una sola persona, no es suficiente para que se pueda confiar en él. Cristo quiere que sus discípulos sean unidos en una iglesia, conserven el orden, tengan reglas y disciplina, y estén todos sujetos unos a otros, estimando a los demás como mejores que ellos mismos. La unión y la confianza son esenciales para la prosperidad de la iglesia. Si cada miembro de la iglesia se siente libre para obrar independientemente de los demás, siguiendo su propia conducta, ¿cómo podrá la iglesia tener seguridad en la hora de peligro y riesgo? La prosperidad y la misma existencia de una iglesia dependen de la acción pronta y unida, y de la confianza mutua de sus miembros. Cuando, en un tiempo crítico, alguien toca la alarma de peligro, se necesita un trabajo pronto y activo, sin detenerse a hacer preguntas e indagaciones de todo el asunto desde el principio al fin, permitiéndole así al enemigo ganar ventaja por nuestra demora, cuando la acción unida puede salvar muchas almas de la perdición” (Testimonies for the Church, tomo 3, pág. 445).

    Imploramos al Señor que era, que es y que será la Cabeza de la iglesia, que bendiga el presente trabajo.

     

    –Los Hermanos de la Asociación General

    Organización - Plan de Dios

    “Dios es un Dios de orden. Todo lo que se relaciona con el cielo está en orden perfecto; la sumisión y una disciplina cabal distinguen los movimientos de la hueste angélica. El éxito sólo puede acompañar al orden y a la acción armónica. Dios exige orden y sistema en su obra en nuestros días tanto como los exigía en los días de Israel. Todos los que trabajan para Él han de actuar con inteligencia, no en forma negligente o al azar. Él quiere que su obra se haga con fe y exactitud, para que pueda poner sobre ella el sello de su aprobación” (Patriarcas y Profetas, pág. 393).

    “El sistema y el orden se manifiestan en todas las obras de Dios a través del universo” (Testimonios para los Ministros, pág. 26).

    A fin de llevar a cabo la gran tarea (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15, 16) de realizar más trabajo en un período de tiempo comparativamente breve, garantizar la paz y la acción unida, son indispensables la organización y un orden estricto.

    Los fundamentos de la estructura organizativa entre el pueblo de Dios han sido establecidos en la Biblia: “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar”. Éxodo 18:21-23.

    “Y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:11-13.

    “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. Romanos 12:4, 5.

    “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo... Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”. 1 Corintios 12:12, 27, 28