"...no te escondas de tu hermano." Isaías 58:7.
C
omo Edith tenía que renovar su libreta de conductor, se puso en la cola frente a la ventanilla donde se trataba ese asun¬to, en el departamento de vehículos con motor. Justamente delante suyo había un adolescente con su madre. La actitud de éste hacia su madre se manifestó claramente en el término de 30 segundos, ya que le hablaba en tono alto, con arrogancia, falta de respeto, rudeza, sin que pareciera importarle que los demás lo oyeran o lo que pudieran pensar de él. Su madre parecía estar acostumbrada a tal abuso verbal y hablaba muy poco y cuando lo hacía, era con resignación, sin convicción o ánimo.
¿Qué sucedía? Siempre hay más de una versión para cada historia, y segu¬ramente este joven y su madre tenían la suya propia que era desconocida para los oyentes. La experiencia de cada ser humano es compleja, y se han escrito libros sobre las razones por las cuales surgen dificultades entre padres e hijos. Pero tomémonos un tiempo para examinar la gama de experiencias que existen entre los seres humanos de to¬das las edades para ver si encontramos una clave para recibir bendiciones. ¡Qué hermoso es saber que podemos andar en el camino de la vida con éxito!
Nuestro círculo vital
Independientemente del país en que vivimos, o de la familia a la que pertenecemos, se pueden hacer ciertas generalizaciones con respecto a los individuos. Comenzando por el nacimiento en que cada uno tiene necesidades físicas, men¬tales y espirituales básicas. Cuando esas necesidades se ven satisfechas, el individuo tiene las mejores posibilidades de ser una persona productiva, de encontrar satisfacción, felicidad y de sentirse realizada. Cuando no lo son, debe de alguna manera compensar lo que le falta, o puede presentar un cierto desequilibrio.

En un mundo pecaminoso, tenemos que reconocer que cada uno tiene sus puntos fuertes y débiles, ya sea de nacimiento o debido al medio ambiente.
Dentro del marco de la estructura social de la familia dada por Dios, hay una gran variedad de posibilidades, desde la infancia hasta la vejez. Con Él en el cen¬tro, la familia es el lugar más adecuado para el desarrollo social. Allí el bebé recibe alimento físico, desafío intelectual y fundamento espiritual. El niño pequeño es conducido en su aprendizaje y desarrolla sabiduría, basada en los principios divinos (causa y efecto, siembra y cosecha, responsabilidad personal). El adolescente prueba sus alas y practica principios que le fueron enseñados y mientras tanto alcanza la madurez. Los abuelos comparten la sabiduría que han ganado por medio de las pruebas, las luchas, las derrotas, las victorias, y al mismo tiempo reciben el amor y el cuidado de los miembros más jóvenes de la familia.
Los sociólogos han reconocido la gran importancia de la amistad entre gente de distintas generaciones. Mary Pipher escribió en la revista USA Weekend del 19-21 de marzo de 1999: "Si se reúnen diez personas entre las edades de dos a 80 años, se tendrá una jerarquía natural de edades en la que todos serán alimentados y enseñados. Para nuestra propia salud mental y social, es necesario que

volvamos a buscar el contac¬to entre personas de distintas edades. "
Una vez estaba en una casa de convalecencia cuando lle¬gó de visita una señora con un bebé. Enseguida se vio rodeada de gente. Personas que no se habían levantado de la cama por una semana, de pronto sonaban el timbre pidiendo una silla de ruedas. Aún los que parecían coma¬tosos se despertaban para observar al niño. Los bebés tienen un increíble poder pa¬ra confortar y sanar.
"Los abuelos son un caso especial. Dan a los nietos un sentido de seguridad y conti¬nuidad. Como dice mi espo¬so: 'Mis abuelos me hicieron sentir seguro de que al final todo resultaría bien.' Los nietos reciben la atención que no les prestan sus pa¬dres demasiado apresurados. 'Mis pa¬dres siempre me decían que me apurara, y mis abuelos me decían que fuera más lento,' decía un amigo. Un maestro me dijo que podía darse cuenta cuáles son los niños que tienen buena relación con sus padres pues son tranquilos, calmos, más confiados." Readef s Digest, noviem¬bre 1998.
Nuestra elección
Ahora regresemos al comienzo de nues¬tra historia y veamos qué podemos aprender de este incidente. Sin sentarnos a hablar con el adolescente y su madre, podemos sólo adivinar por qué actuó de esa manera en público. Además, pa¬ra evaluar la relación entre él y su ma¬dre, uno debería observarlos en el hogar y en varias circunstancias y conocerlos bien antes de poder entender, de alguna manera, por qué el joven demostró tener tan poco respeto por ella.
¿Será porque las personas que tienen aproximadamente 20 años de diferencia de edad tienen simplemente poco en co¬mún y por lo tanto, automáticamente se encuentran en confl icto una con la otra? ¿O los tiempos y la tecnología cambian tan rápidamente que las personas que han nacido con tantos años de diferencia entienden las cosas de manera distinta?
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Si ese fuera el caso, ¿por qué entonces los niños pequeños se llevan generalmente tan bien con los ancianos? ¡Y pueden te¬ner de 30 a 70 años de diferencia! Enton¬ces, la llamada crisis generacional debe ser causada por algo diferente. Podemos decir que cada persona elige la actitud que ha de tomar con respecto al mundo que la rodea. Y básicamente, cada persona elige una de estas dos di¬recciones: 1) el egoísmo o 2) el altruismo. Para ser realistas, probablemente nadie es totalmente egoísta o totalmente al¬truista; nos movemos en un marco que va desde el egoísmo total al altruismo total.
Los niños comienzan la vida siendo egocéntricos, eso es natural porque el mundo del bebé torna alrededor de sí mismos hasta que se le enseña algo dis¬tinto. Y aquí está la clave. El egoísmo

se enseña, como todas las demás cosas, por precepto y ejemplo. Los padres de¬muestran altruismo a sus hijos amándo¬los y proveyendo para sus necesidades. Pero también deben enseñar altruismo por precepto, conduciendo al niño del egoísmo al altruismo, lo que también es amor.
La amistad está basada en el altruismo o amor y el egocentrismo la mata. Llega¬rá el día que la amistad se acabará o las personas pueden continuar con un tipo de relación que no es ni amistad ni amor. En efecto, si en una familia, aunque sea un miembro, es gobernado por el egoís¬mo, siempre tiene un efecto negativo sobre los otros miembros de la familia. El resultado puede no ser instantáneo o dramático como sucedió con la prime¬ra familia sobre la tierra, pero al menos causará confl icto y tristeza.
Elige el altruismo
Lo que el joven estaba demostrando aquel día era un terrible egocentrismo. ¿Era feliz tratado a su madre sin respeto? Uno puede decir que estaba enojado y acusaba, pero en realidad estaba lejos de ser feliz. ¿Era tan importante lo que que¬ría como para tratarla tan cruelmente? Al parecer ella le estaba negando algo. ¿Por qué se sentía con derecho a ser tan brusco y descuidado? Esa es la natura¬leza del egoísmo, no tiene noción o no le interesa cómo se siente el otro.
Hay veces en que uno es tratado en forma realmente injusta y se siente fuertemente tentado a tratar a los de¬más con enojo, impaciencia, falta de respeto y hasta con sarcasmo. Pero un amigo nunca actúa de esa manera. Aquí está la gran oportunidad que Dios nos da. En las Escrituras, repetidamente y de maneras muy diferentes, nos incita a ser altruistas en nuestro trato con los demás, tanto dentro como fuera de la familia, tanto dentro como fuera de la iglesia. Por ejemplo:

"Antes sed benig¬nos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cris¬to." Efesios 4:32. Esto está implícito en su mandamiento de "ama a tu prójimo como a ti mismo."
No hay crisis generacional cuando uno trata de comprender y ser bueno con los demás. Somos libres de elegir nuestra actitud hacia las personas que nos rodean. Podemos elegir el altruismo y dar gozo a los demás, en cuyo caso contamos con la ayuda de todos los agentes celestiales, o podemos elegir el egoísmo y esparcir miseria donde sea que vayamos, en cuyo caso con¬tamos con la asistencia de los agentes
A veces parece muy difícil practicar el altruismo en forma consistente; cree¬mos que de vez en cuando debemos seguir nuestros sentimientos, pero és¬tos no están de acuerdo con la volun¬tad de Dios. Él nos da las victorias más grandes cuando en todas las circuns¬tancias decidimos ser cubiertos por su justicia y nos olvidamos del yo. Es más aún, aquí obra el principio de la siem¬bra y la cosecha. Dios nos compensa en gran manera por cada acto altruista. Quiera Él dar a cada joven el precioso tesoro de la amistad.

Solo se vive una vez

6C\7~de la manera que está estableci-X do para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también fue ofrecido una sola vez pa¬ra siempre por el sacrifi cio de sí mismo para quitar de en medio el pecado" He¬breos 9:27.
El hombre, desde tiempos inmemo¬riales, ha buscado una explicación al misterio de la muerte, y muchas teorías se han desarrollado con respecto a este evento que tarde o temprano sucederá a cada ser humano.
Muchas civilizaciones antiguas creían en la vida más allá de la tumba, razón por la cual los faraones en el antiguo Egipto eran enterrados con sus pertenen¬cias, las cuales creían necesitarían en su vida posterior. Otras culturas hablaban de un mundo subterráneo adonde las al¬mas eran conducidas
por un barquero a la orilla opuesta de un río, donde eran vigiladas por una figura mitológica en forma de perro con tres cabezas y cola de serpiente llamado Cerbero, que debía evitar que entraran allí los vivos o salie¬ran los muertos.
El hombre contemporáneo, si bien no cree en la mitología ni lleva alimentos a sus muertos, no permanece indiferente a este enigma y muchos han adoptado la teoría plató¬nica de la vida del es¬píritu, es decir, creen en la inmortalidad del alma, si bien esta creencia es contraria a la palabra de Dios que dice claramente: "El alma que pecare, esa morirá" Ezequiel 18:20. Otros prefieren creer en la teoría oriental de la reencarnación, por la cual el hombre muere, y después de un cierto tiempo en que el alma entra en contacto con espíritus

superiores, vuelve a nacer con un cierto "kar-ma" o destino que tiene que cumplir en esta tierra para perfeccionar su carácter e ir purifi cándose. Este proceso se repite cuantas veces sean necesarias para que el individuo alcance la perfección.
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El profeta Daniel tuvo el privilegio de ver en visión la escena del juicio: "Es¬tuve mirando hasta que fueron puesto y se

sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como la lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente... millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los
libros fueron abiertos" Daniel 7:9, 10. El mismo privilegio fue dado a uno de los escritores del Nuevo Testamento quien describe la visión que tuvo cuando se encontraba exiliado en la isla de Patmos: "Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños de pie ante Dios; y los libros fueron
abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras" Apocalipsis 20:10, 11.
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í <m 'V o dañéis la tierra ni el mar ni los ± árboles..."1. Esta declaración fue transcrita en uno de los libros más anti¬guos de la cultura occidental: Las Sagra¬das Escrituras y desde entonces parece ser que nuestra civilización moderna, como sus antecesoras, ha olvidado que depende por entero de sus cimientos ecológicos, tal como se describen en el informe creacionista del mismo libro.
El desafío al que nos enfrentamos al introducirnos en un nuevo siglo comien¬za con el índice de crecimiento poblacio-nal. El número de seres humanos es cua¬tro veces mayor que el de hace un siglo, y el tamaño de la economía mundial se ha multiplicado por 17. Al margen del crecimiento de la población propiamen¬te dicho, la urbanización es la tendencia demográfica dominante del año que ha concluido. En 1900 había unas 16 ciu¬dades que superaban el millón de ha¬bitantes, y aproximadamente el 10% de la humanidad vivía en ciudades. Hoy en día, 326 ciudades igualan o superan

esa población y hay 14 megaciudades, es decir, núcleos urbanos que rebasan los 10 millones de habitantes. Si el crecimiento de las ciudades continúa tal como está previsto, más de la mitad del género humano vivirá en ellas en el año 2010.2
Los 3.000 millones de habitantes a nivel mundial que se alcanzaron en 1960, los 4.000 millones en 1977 y los 5.000 millones en sólo 12 años más, en 1989, nos indican la aceleración de la variable demográfica, pues la población mundial supera ya los 6.000 millones en 1999. Si el crecimiento sigue la proyección media de la ONU, el número de seres humanos aumentará en otros 4.600 millones de personas en el próximo siglo. Directamente proporcional a este crecimiento en núme¬ro de habitantes se constata la

diferencia entre éstos en cuanto a nivel de vida.
Mientras que la quinta par¬te de la humanidad vive me¬jor que los reyes de la Edad Media, otra quinta parte sigue viviendo en el margen mismo de la existencia, luchando úni¬camente para sobrevivir. Se cal¬cula que 841 millones de per¬sonas padecen desnutrición y tienen un peso inferior al nor¬mal, y que 1.200 millones care¬cen de acceso a agua potable. La diferencia entre las rentas de las sociedades prósperas y las más azotadas por la pobreza en el mundo se amplía cada año. Aunque el crecimiento econó¬mico se ha convertido en la norma en todas partes desde mediados de siglo, unos países han tenido más éxito que otros en lo que refi ere a alcanzar este objetivo, lo que ha conducido a dispari¬dades sin precedentes en las rentas entre las distintas sociedades.3
Paradójicamente al aumento de po¬blación del siglo XX comprobamos que es este también el período de tiempo en el que han fallecido más personas a lo largo de la historia. En la Primera Gue¬rra Mundial perdieron la vida unos 26 millones de personas, y 53 millones en
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la Segunda, además de otras víctimas de guerras desde el comienzo del siglo, el total supera a la cifra de personas fallecidas a causa de los enfrentamientos bélicos desde el comienzo de la civilización hasta 1900.4
Al mismo tiempo, en el último cuarto del siglo XX se han identificado 29 nuevas enfermedades, entre las que se cuentan el virus Ébola, el SIDA, etc. El SIDA, por ejemplo, que alcanza ya proporciones epidémicas en África y parcialmente en Asia, no tardará en eclip¬sar, según previsiones, a enfermedades tradicionales como la malaria y la tuberculosis como causa principal de muerte por enfermedades infecciosas.5
La globalización de las últimas décadas está reduciendo, además, la di-versidad de la vida en la tierra. El cre-e cimiento descontrolado del comercio y i de los viajes intercontinentales ha de-e rribado barreras favoreciendo así que miles de especies, plantas, insectos y otros seres, invadan territorios lejanos, impulsando a menudo la extinción de m especies autóctonas y alterando proce-s sos ecológicos fundamentales. Las re¬cientes 'bioinvasiones' han obligado a abandonar más de un millón de hectá-b reas de tierras de labor en América del eas de ti Sur y han devastado las pesquerías del lago Victoria en África oriental.
De hecho, la economía global no .' puede expandirse indefinidamente, si los ecosistemas de los que depende i l continúan deteriorándose. En muchos o aspectos, el hecho definitorio de este s siglo es el aprovechamiento de la energía de los combustibles fósiles. En sólo se consumían diariamente unos cuantos miles de barriles de petróleo. En 1997 esa cifra había llegado a 72 de barriles al día. Hemos presenciado asimismo un gran aumento del consumo de materiales, incluido el crecimiento del uso de metales desde los 20 millones de toneladas anuales hasta 1.200 millones de toneladas. El consumo de papel se ha multiplicado por seis entre 1950 y 1996, para llegar a 281 millones de toneladas. La producción de plásticos, de los que apenas se tenía noticia en 1900, alcanzó los 131 millones de toneladas en 1995. En 1900 sólo circulaban en el mundo unos cuantos miles de automóviles, hoy hay 501 millones en circulación.6
El comercio mundial ha pasado de
380.000 millones de dólares en 1950 a 5,86 billones en 1997, es decir, se ha multiplicado por 15. Sin embargo, ha traído consigo nuevas formas de alteración medioambiental como: destrucción del ozono estratosférico y calentamiento por el efecto invernadero, lo cual ha comenzado a alterar los ecosistemas naturales en las últimas décadas. Además, el constante crecimiento de la economía global ha colisionado con muchos de los límites naturales de la tierra. Estos enfrentamientos pueden observarse en tendencias como la disminución del te¬rritorio de los bosques, el agotamiento de los acuíferos y el desplome de las pesquerías
Las pesquerías marinas, por ejemplo, comienzan a llegar a sus límites y a traspasarlos, los niveles de las capas de aguas freáticas o subterráneas descienden en todos los continentes, los pasti¬zales se deterioran debido al exceso de pastoreo, muchos de los bosques tropicales que aún quedan se encuentran al borde de la desaparición. Así pues, los límites principales a nivel medioambiental con los que nos enfrentamos, cuando nos introducimos en el siglo XXI son el agua dulce, los bosques, los pastizales, las pesquerías marinas, la diversidad biológica y la atmósfera global.
Como el consumo mundial de agua se ha triplicado desde mediados del siglo XX, el exceso de extracción ha conducido
al descenso de los niveles freáticos a nivel mundial. El 70% del agua que se desvía actualmente de los ríos o se extrae del subsuelo en el mundo se usa para regar, el 20% se usa para la industria y el 10% se destina al uso de la población.7
Desde mediados del siglo XX, la demanda de madera se ha duplicado y la de leña se ha triplicado, mientras que el consumo de papel se ha multiplicado casi por seis. Además, los bosques se roturan para la práctica de la agricultura de roza e incendio por poblaciones en expansión y para la producción de cultivos comerciales y la cría de ganado. A medida que las presiones demográficas se intensifi can en las regiones tropicales y subtropicales, aumenta el número de bosques que se roturan para la agricultura. Los pastizales del mundo cubren .aproximadamente una superficie que • duplica a la de las tierras de cultivo, y suministran la mayor parte de la carne de vacuno y ovino que se consume ►en los países con más alto nivel eco-nómico.
De las 242.000 especies de plantas censadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, en 1997 el 14%, unas 33.000, encontraban en peligro de desaparición. Unas 7.000 corrían un peligro cinmediato de extinción y otras 8.000 '.son vulnerables a la desaparición, causa principal de la extinción de plantas es la destrucción de hábitats, Á menudo en forma de roturación de la tierra con fines agrícolas y ganaderos, para la construcción de viviendas o para el drenado de humedales con destino a la agricultura y la construcción, así como los residuos industriales y sus
La situación de las especies animales es igualmente preocupante. De las 9.600 especies de aves que pueblan la Tierra, dos tercios están ya en retroceso, mientras el 11% se encuentra en peligro de extinción. La combinación, alteración y destrucción de hábitats, así como el exceso de caza e introducción de especies exóticas es la principal responsable de su mengua. De las 4.400 especies de mamíferos de la tierra, el 11% están en peligro de desaparición. Otro 14% son vulnerables a la extinción si continúan las tendencias actuales. De las 24.000 especies de peces que ocupan mares, ríos
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y lagos, un tercio se encuentra ya en peligro de desaparición.8
Una economía sólo es ambientalmen-te sostenible, si satisface los principios de la sostenibilidad, unos principios arraigados en la ciencia de la ecología, lo cual implica: las capturas pesqueras no superan la producción sostenible de las pesquerías, la cantidad de agua que se extrae de los acuíferos subterráneos no supera la recuperación de éstos, la erosión del suelo no supera la tasa natural de formación de nuevos suelos, la tala de árboles no supera la plantación de árboles y las emisiones de carbono no superan la capacidad de la naturaleza para fijar el anhídrido carbónico atmosférico. Una economía sostenible es aquella que no destruye las especies vegetales y animales más rápidamente de lo que se desarrollan las nuevas.
Una vez que queda claro que el modelo de desarrollo industrial actual no es viable a medio y largo plazo, la pregunta que se plantea es: ¿cómo sería una economía ambientalmente sostenible?
Uno de los primeros pasos en la respuesta a esta cuestión es reconocer que la actual generación es la primera cuyas acciones pueden afectar a la habitabilidad del planeta para generaciones futuras. Se ha llegado a esta situación no mediante un diseño deliberado sino como consecuencia de una economía glo-

bal que supera sus sistemas de apoyo ambiental. Es decir, se han alterado los sistemas naturales de la tierra pero sin asumir la responsabilidad que ello conlleva. La sociedad presente se centra fundamentalmente en el presente y en este sentido se ha perdido el sentido del le¬gado a generaciones futuras, pues lo que se prevee como herencia es un mundo que se deteriora ecológicamente, que se encuentra en declive económicamente y que se desintegra socialmente.
Actualmente no es posible separar los esfuerzos para construir una economía ambientalmente sostenible de los esfuerzos para satisfacer las necesidades de los pobres del mundo. Según diversas estimaciones, unos 841 millones de perso¬nas están mal nutridas, 1.200 millones carecen de acceso a agua potable, 1.600 millones son analfabetas y 2.000 millones no tienen acceso a la electricidad.
Se calcula que las 225 personas más ricas del mundo poseen ahora una riqueza conjunta de más de 1 billón de dólares, cifra que se acerca a los ingresos anuales conjuntos de la mitad más pobre de la humanidad. De hecho, los activos de los tres individuos más ricos superan la producción anual conjunta de los 48 países más pobres. Se evidencia, de este modo, que el distanciamiento entre ricos y pobres es insostenible en un mundo en el que se comparten los recursos, a los cuales todos tenemos derecho.9
Las tendencias de los últi¬mos años indican que necesitamos una nueva orientación moral que nos guíe en el siglo XXI, unos principios asentados en los fundamentados de satis¬facción sostenible de las necesidades humanas. Los ecosistemas del mundo han sobrevivido en gran parte a 270 millones de personas con esta forma de vida en el siglo XX, pero no sobrevivirán a 8.000 millones o más viviendo de este modo en el siglo XXI.
Los próximos pasos a tomar en el esfuerzo por contestar a la cuestión expuesta anteriormente pueden encontrarse en la sabiduría incluida en las páginas del libro presentado al principio de este artículo, las Sagradas Escrituras. A modo de
orientación podrían ponerse en práctica los siguientes principios:

1. Hacer con los demás como nos gustaría que hicieran con nosotros

4. Distribución de los benefi-
cios

6. Respetar el género de las plantas.15

9. Aceptación de los ciclos naturales.

10. Uso y trato en la siembra

 

breve reseña introduce la extensa temática, que al respecto contiene la Biblia, pues define el propósito de existencia de nuestro planeta y de este modo incluye la información necesaria para conocer su futuro. "Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella..."20 y como Creador y Sustentador de esta tierra, también la restaurará.21
Raquel Orce, España SW
1
Apocalipsis 9:4
Tertius Chandler, Four Thousand Years of Urban
Growth
World Population Data Sheet
Eric Hobsbawm, The Age of Extremes: A History
ofthe World, 1914 - 1991
OMS, Report on the Global HIV/AIDS Epidemic
Arnulf Grubler y otros, Global Energy Perspec-
tives
Sandra Postel, Last Oasis
FAO, State ofthe World's Forest 1997
Carl Haub, Population Today
Mateo 7:12
Levítico 25:5
Levítico 25:34
Levítico 19:10
Deuteronomio 20:19
Deuteronomio 22:9
Deuteronomio 22:4; 25:4
Levítico 14:45
Eclesiastés 1:5-7
Isaías 28:25-27
Isaías 42:5
Isaías 49:8

Esta pregunta se la formula mucha gente, al comprobar que las iglesias importantes que existen son centenares y los grupos disidentes son miles. Todas pretenden tener la verdad ¡La gran ma¬yoría incluso se basa en la Biblia, y cree en Jesucristo!
¿Son todas de Dios? ¿Reconoce el Se¬ñor a todas las iglesias como su pueblo escogido, o tiene un pueblo en especial? Si es así, ¿Cómo se lo puede identifi car? En todas las religiones hay personas sin¬ceras, que aman a Dios de corazón, pero eso no muestra necesariamente que sea la verdadera iglesia o que la doctrina que sustentan esas iglesias no contengan al¬gunas teorías humanas. La Palabra de Dios y especialmente las profecías nos revelan algunas claves para identifi car la iglesia verdadera en estos días del fin.

Símbolos para representar la Iglesia
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se compa¬ra la iglesia del Señor, con una viña. "Tenía mi amado una vi¬ña en una ladera fértil. La ha¬bía cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silves¬tres" "Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor" Isaías 5:1-2, 7; "Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edi¬fi có una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos" Mateo 21:33. • La vid representa a Jesús. Él dijo: "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pám¬pano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Permaneced en mí y yo en vosotros. Co¬mo el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí" Juan 15:1-2, 4. Cristo es la raíz y el tronco de esa cepa. Él siempre permanece. Noso-

tros somos los pámpanos. Si permane¬cemos en Él traeremos frutos, de otro modo somos cortados. Así sucedió a Israel.
• El cerco: Su misión es establecer un límite entre el terreno del Señor y el terreno ajeno. Es dar protección para mantener la iglesia dentro de la vo¬luntad de Dios. El cerco es la Ley de Dios.
- El terreno que está fuera de la Ley de
Dios es el del pecado (Ia Juan 3:4)
- La iglesia que deja de lado cualquiera
de los mandamientos de Dios ha he¬
cho un portillo en el cerco.
En toda la Biblia se compara la igle¬sia a una mujer. Ya la primera profecía de Génesis 3:15 usa esa fi gura al hablar de la guerra que habría entre la ser¬piente -Satanás - y la iglesia. "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya..." También es usada en el Nuevo Testamento en 2a Corintios 11:2.