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Hay una niñita muy simpática que me sonríe constantemente. Le devuelvo la sonrisa y nos pasamos el tiempo comunicándonos por medio de miradas y son- risas mientras la ceremonia oficial tiene lugar. En esta escuela no me honran en manera especial con flores, tampoco hay un discurso preparado y ni siquiera tie- nen un “libro de oro” para que firmen los “V.I.P.” Quizá sea por ello que me impresionó más profundamente. Los maestros nos cuentan que los niños no tienen ni siquiera lápices y que escriben todas las materias en un único cuaderno. Los que pueden pagan 200 francos por mes (1U$ = 300 francos) y los maestros reciben U$7 por mes, equivalente a dos comidas para una familia de seis personas.
Subimos al mini bus después de tratar de sacarnos el barro de los zapatos. La niñita simpática nos sigue y continúa sonriendo, saltando y haciendo gestos que expresan su alegría y aprobación de nuestra visita.
VISITA UNA ESCUELA SECUNDARIA
Volvemos a Lubumbashi para visitar una escuela secundaria. El edificio pertene- ce al gobierno que se los ha concedido sólo por un año hasta que construyan el suyo propio. Tienen ya un terreno y los ladrillos, pero necesitan apoyo financie- ro para terminarlo. Los estudiantes están en el patio y nos dan la bienvenida con canciones. Nuevamente, dos alumnos se nos acercan y leen un breve discurso de bienvenida. Una vez más recibo flores de plástico. Sé que son las flores más valiosas que haya jamás recibido y que las debo apreciar como tales. Pido al Señor que me haga atesorar estas experiencias en mi corazón. Nos conducen a la sala de
profesores, donde nos leen un documento con todas sus peticiones: un edificio escolar, material didáctico, ayuda para pagar a los profesores, etc. Tienen 110 estudiantes pero sólo 51 pagan; la cuota mensual es de 1500 francos (5 dólares). El sueldo de los maestros es de 2.500 por mes (alrededor de U$ 9). Visitamos las clases y uno de los visitantes pronuncia
unas palabras de aliento a los jóvenes. Nuevamente nos llevan a la oficina a fir- mar en el “libro de oro” antes de partir. Nos explican que la escuela es un cam- po misionero. Nuestro mensaje toca los corazones de los alumnos, los maestros que vienen en busca de un medio para sobrevivir también son sensibles al men- saje y muchos padres son convertidos por el informe de sus hijos.
Alumnos de una de las escuelas secundarias de la iglesia en Congo.
La educación en este país es un lujo y seguramente los niños no reciben un premio por sus buenas notas en la escuela, sino que el rendimiento escolar es su deber ante Dios y sus padres.
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Deseo que los niños de otros países sean conscientes que con su dinero de bolsillo pueden ayudar para al educación de un niño en África...
En Europa, un niño me dio 5 Euros para los niños del Congo y algunas lá- minas con versículos bíblicos y figuras para colorear. Le entregué todo al coordi- nador de educación y le dije que era una donación especial de un niño y que yo deseaba que los niños fueran conscien- tes que con su dinero de bolsillo pueden ayudar para al educación de un niño en África y hasta pagar el sueldo mensual de un maestro, pero también deben saber que se trata de sueldos de hambre y que ellos mismos nunca querrían asistir a una escuela así (aunque quizá les haría mucho bien). Con respecto a las láminas para colorear, lamentablemente estos ni- ños ven todo en blanco y negro. Aloja- dos bajo árboles frondosos en medio de una hermosa naturaleza, desplazándose sobre un terreno fangoso que esconde tesoros de diamantes y metales precio- sos, los niños congoleses viven una vida penosa, sin otra esperanza que tener un plato de comida al día y eso sólo por la infinita gracia de Dios. La pobreza en ese
país es casi un insulto a la belleza de su exuberante vegetación. CONCLUSIÓN
Hay tres continentes en una situación similar y sólo unos pocos países que pueden brindar alguna ayuda. Si bien es imposible erradicar la miseria, se pue- de hacer mucho si todos hacemos lo que hizo ese joven sin rostro y sin nombre que tenía cinco panes de cebada y dos peces, después de haber escuchado al Hijo de Dios hablar palabras de miseri- cordia, amor y justicia celestial. (Juan 6:
9) Seguramente había llevado esos ali- mentos para comer con su familia, pero no titubeó en dárselos a los discípulos de Jesús y fue testigo de uno de los milagros más grandes que se hayan realizado ja- más. Todos nosotros hemos oído la voz del Hijo de Dios y Él nos dice que en el amor no hay temor.
No miremos lo que tenemos, aunque
esto sea muy poco. No pensemos co-
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El hno. P. Shirima impartiendo una clase
bíblica en el Seminario realizado en el sur del Congo
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mo tendemos a hacerlo a veces que lo que hacemos es tan solo una gota de agua en el océano, confiemos en el poder de Jesús para multiplicarlo. Animémonos a extender una mano de ayuda recordando la historia que nos cuentan los hermanos que ayudan a las escuelas del Congo: “Una vez un niño que caminaba por la playa vio muchas estrellas marinas fuera del agua y expuestas a los candentes ra- yos del sol. Viendo que si seguían allí perecerían, el niño comenzó a tomar- las una por una y a arrojarlas al mar para salvarles la vida. Un transeúnte, al verlo le dijo que toda la playa es- |
taba llena de estrellas de mar y era impo- sible que salvara todas. Lo que estaba haciendo no era en realidad muy importante. El niño continuó humildemente su labor y mientras arrojaba otra estrella en el agua le respondió: “Para ésta es importante.” Así será tu aportación para muchas almas que puedes ayudar.
Aunque mientras estemos en esta tierra no podamos nunca ver los frutos de nuestras obras de caridad, el cielo lo revelará a su debido tiempo. Quiera el Señor de- rramar su Espíritu de misericordia sobre nosotros para que, como hizo el buen sa- maritano, nunca olvidemos lo que vimos y experimentamos. Amén. GS |
Realmente, el Hijo nos hace "verdaderamente libres."
naturaleza, un cambio de corazón, según la promesa en Ezequiel 36:26.
Ese momento en que uno nace a una nueva vida en Dios, es un momento cru- cial en nuestra existencia, inolvidable. En mi caso particular, sucedió cuatro años después de haber sido bautizada en las aguas del Mediterráneo, habiendo de- jando atrás una vida de vanidad.
Después de una revelación minuciosa de mis pecados pasados y presentes y de las deficiencias de mi carácter; después de la experiencia de que toda mi justicia, en todos los casos, era tan solo un "tra- po de inmundicia" y en ningún modo mayor que la de los fariseos; después de sentirme totalmente perdida y por lo tanto víctima de las plagas descritas en el Apocalipsis –un pensamiento que me hizo perder el sueño- llegó el ma- ravilloso momento de la liberación en que el Espíritu mismo dio testimonio a mi espíritu, de que era hija de Dios.
(Romanos 8:16) Esa experiencia tan es- pecial se dio mientras leía un determi- nado capítulo de ese maravilloso libro
"El Deseado de Todas las Gentes." Ante tal revelación de Jesucristo crucificado por mis iniquidades, mi corazón se lle- nó de un temor reverente y poco a poco ese temor se fue transformando en un gozo indescriptible como el de David al escribir el Salmo 32.
El proceso de santificación comenza- ba, había entregado mi voluntad a la vo- luntad de Dios. Ahora tenía que apren- der a llevar su yugo sometiéndome a El cada día. Había caído en las redes de su amor y ¿quién puede o quiere escapar del poder del amor verdadero? Roma- nos 8:35-39.
Una oruga se arrastra por doquier, su visión es muy limitada, puede subirse a un árbol, pero aún así no puede levan- tarse ni un milímetro del suelo. ¿No nos sucede a menudo que nos parece estar pegados a la tierra y tener una visión muy limitada de las cosas? Podemos te- ner muchas ambiciones y sueños, pero no sabemos cómo concretizarlos.
En un cierto momento, la oruga te- je un capullo, y permanece en él, sin |
comida, en un aparente letargo, hasta que llega el momento en que la oruga se transforma (metamorfóneste) en una hermosa mariposa.
Esta experiencia de la ley de Dios es- crita en nuestro corazón, y de su Palabra que actúa como una espada de doble fi- lo cortando todo lo que es superfluo en nuestra vida, si bien dolorosa, es mara- villosa, pues es el comienzo de un nuevo período, de una nueva misión. Entonces el corazón discierne entre lo permanente y lo efímero, lo eterno y lo perecedero, lo importante y lo vano y comprende cuán fatuas son las cosas de este mun- do. Entonces se ve al hombre como Dios lo ve, una preciosa criatura destinada a ser libre, pero que de algún modo se en- |
cuentra encarcelada en el laberinto de su propio ego. El deseo más ferviente es ayudarle a que abandone su prisión, su condición de "gusano" y se vuelva una crisálida. Realmente, el Hijo nos hace
"verdaderamente libres." (Juan 8:36) Algunos años antes de mudarme a mi
apartamento, vi un afiche que decoraba la vitrina de un negocio y quedé encan- tada. Era tan sólo una gran ventana de- lante de la cual había una infinidad de plantas tropicales, entre ellas bellísimos helechos. Lo busqué en todas las librerías de la ciudad y no me di paz hasta en- contrarlo. Mi intención era colocarlo en una de las paredes de la sala y cubrir la pared opuesta con espejos para sentir la sensación de que me encontraba en una
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Podemos tener muchas ambiciones y sueños, pero no sabemos cómo concretizarlos.
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selva tropical. Me hacía feliz tener tan só- lo una ilusión óptica. Lamentablemente, la pared no era de la medida requerida, así es que lo puse en el dormitorio, pero como en la pared opuesta había hecho construir un gran armario, no podía crear el efecto deseado colocando es- pejos. De todos modos, disfrutaba al
ver desde mi cama esas plantas que parecían tan refrescantes, delante de las cuales había colgado un papaga- yo de papel maché.
A l g u n o s a ñ o s d e s p u é s , c u a n d o trabajé en la escuela misionera en H u n g r í a , v i v í a m o s m u y c e r c a d e un bosque, donde diariamente ha- cía largas caminatas. Allí podía co- municarme con Dios y disfrutar de la naturaleza. Había una gran varie- dad de flores silvestres, liebres que corrían espantadas al oír pasos, fai-
sanes que como helicópteros se alzaban de entre las matas al menor indicio de la presencia de un hombre, las vacas de los vecinos que pastaban tranquilamente entre el verde, a veces un rebaño atendi- do por su pastor y raramente algún cier- vo. Todos los días, los pájaros alegraban el aire con sus trinos.
Un día, una estudiante me trajo un casete con la grabación del trino de los pájaros y ello me hizo recordar mis años en la ciudad de los rascacielos, cuando con algunos amigos escuchábamos una |
colección de discos ecológicos en los que se oía el sonido de cataratas, hojas que se mueven en el viento, una tormenta, el trino de las aves, el galope de un caba- llo, etc., ¡Disfrutábamos de esta ilusión
auditiva entre las cuatro paredes de esa jungla de cemento! ¡Qué tristeza! ¡Qué alienación de la realidad! En lugar de escuchar el casete, invité a mi alumna a dar un paseo por el bosque y escuchar el canto de los pájaros. Allí podíamos gozar de la naturaleza en su plenitud. Esa era en realidad la libertad.
Ese mismo año, cuando volví a mi apartamento, me desperté una noche a las 3 de la mañana y me empezó a mo- lestar ver el afiche en la pared. Esa era otra mentira, una falsedad, un auto-en-
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gaño. El Señor quiere que vivamos en un ambiente natural, que llenemos nuestros pulmones de oxígeno y nos sintamos li- bres de verdad, en medio de su maravi- llosa creación. Ni bien amaneció, tuve el gran placer de arrancar el afiche de la pared. Esto es lo que significa tener un nuevo corazón, nos lleva a deshacernos de las pequeñas menti- ras y decepciones y nos prepara para reconocer otras mayores. Este proce-
so nos libera realmente.
E n e f e c t o , l a m e t a m o r f o s i s e s u n a c o m p l e t a t r a n s f o r m a c i ó n d e n u e s t r o m o d o d e p e n s a r, s e n t i r y a c t u a r. R e c h a z a m o s l o q u e a n t e s amábamos porque comprendemos que es mentira y amamos lo que an- tes rechazábamos porque no había- mos comprendido lo que es amor y verdad. Ahora que nuestra concien- cia es activada por el Espíritu Santo, la voluntad de Dios es lo más importante en nuestra vida y cada vez que segui- mos nuestro propio gusto, tratamos de probar a otro que tenemos razón, nos atrevemos a juzgar a los demás, a hacer nuestros propios planes, nuestro ritmo cardíaco cambia y el dolor es tan grande que sólo nos queda volver al pie de la cruz, donde una vez encontramos nues- tra libertad y rogar que nuestro Salvador
nos purifique completamente.
Teresa Corti, Alemania G |
Sólo nos queda volver al pie de la cruz,
donde una vez encontramos nuestra libertad...
CÓMO ASUMIR LA
RESPONSABILIDAD
DE SER PADRE
La primera vez que me di cuen- ta de la responsabilidad de ser p a d r e , f u e e n l a m a t e r n i d a d .
Apenas el bebé fue colocado sobre el vientre de mi esposa, la partera lo tomó y me dijo: “Señor Dutour, venga conmi- go por favor.” Como un zombi la seguí hasta que me encontré frente a una gran pileta llena de agua tibia, y sentí decir:
“Señor Dutour, he aquí déle el primer baño a su pequeño Alejandro.” Yo no había podido articular una palabra y de pronto me encontraba con un bebé que gritaba en mis brazos y oía alguien que me decía: “Un poco de agua aquí, no se |
olvide de la cabeza, etc.” El resultado es que durante tres meses nunca más bañé a mi bebé. No os preocupéis, mi esposa se ocupaba de hacerlo.
En fin, en pocos segundos me había dado cuenta de la fragilidad de un re- cién nacido, de sus necesidades, de su completa dependencia de nosotros, sus padres. Y yo que tenía tantos libros re- ferentes al tema que ahora tenía frente a los ojos, me encontraba desamparado frente a la realidad.
Pero, ¿cuál es esta realidad? ¿De qué tenemos que ser conscientes? ¿Cuál debe ser nuestra actitud frente a todo esto? |
La responsabilidad de ser padre Se comienza a asumir la responsabilidad de ser padre ya en el momento de la con- cepción. Como dice el proverbio: “El fu- turo le pertenece al que está preparado en el presente.” En lo que respecta a los niños, no hay nada más cierto. Ellen G. White nos dice que los padres: “Debie- ran considerar con calma cómo pueden brindar a sus hijos lo que necesitan. No tienen derecho a traer hijos al mundo que han de ser una carga para otros. ¿Tie- nen un trabajo que les permitirá sostener una familia de modo que no necesiten |
El futuro le pertenece al que está preparado en el presente.
llegar a ser una carga para los demás? Si no lo tienen, cometen un crimen al traer hijos al mundo para
“Los padres deberían siempre tener ante la vista el bien futuro de sus hijos.”
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que sufran por falta de cuidado, alimen- to y ropa apropiados.” Consejos para la salud, págs. 75, 76. “Considerando la responsabilidad que descansa so-
bre los padres, éstos deberían preguntarse seria-
mente si es oportuno que tengan hijos.
¿El estado de salud de la madre le permitirá ocuparse de ellos? ¿Re- úne el padre las condiciones imprescindibles para proveerlos
de la educación e instrucción nece- sarias?” Hogar Cris- tiano, pág. 145.
E s t a c l a s e d e p r e g u n t a s s o n m u y i m p o r t a n t e s . L a B i b l i a
nos cuenta una parábola de un hombre que quería construir una torre y se sentó a contar sus bienes para ver si podía ter- minar su proyecto o no. Aquí no se habla de una torre de piedra, sino de niños, es decir de seres humanos totalmente de- |
pendientes desde el primer momento y que podrían eventualmente sufrir en car- ne propia por la decisión tomada. Por lo tanto, es muy importante tratar el asunto responsablemente.
El padre debe darse cuenta de su res- ponsabilidad ya en el momento en que se prevé una concepción. En este mundo en que el egoísmo va en aumento, vemos a veces parejas y hasta personas solas, que toman la decisión de tener hijos, una decisión apresurada, sin reflexio- nar, guiada simplemente por el deseo de tener un hijo y ésta pasa a ser la ra- zón primordial.
Se cree que con un simple “yo quie- ro” se descartan todos los problemas, y además se tiene derecho a ser aceptado, reconocido, y asistido. Con esta expre- sión se pone de manifiesto el “derecho” personal de tomar una decisión, pero contando con el “deber” de la iglesia o de la sociedad. Ciertamente, nadie tiene autoridad para decidir por los demás, pero cada uno debería actuar como un adulto responsable, no guiado por un deseo egoísta, sino por el ardiente deseo de hacer más feliz aún a su familia con la llegada del niño esperado. Se debe ser consciente de lo que será la vida con el recién nacido. “Los padres deberían |

siempre tener ante la vista el bien futuro de sus hijos.” Hogar Cristiano, pág. 145. Asumir la responsabilidad de padre
ante el niño
Después de las reflexiones previas, vie- ne la realidad del recién nacido. Allí es- tá, con sus necesidades psicológicas y afectivas, de educación, de tener una posición y de desempeñar un papel en la gran familia humana.
En este aspecto, es evidente que tanto el padre como la madre deben ya saber lo que quieren, y cómo pueden transmi- tir este conjunto de nociones a su bebé. El padre debe ser consciente de que no puede dar más de lo que él mismo tiene, de modo que debe tratar de enriquecer- se en conocimientos y experiencia para poder transmitirlas a otro. En momento diremos que la responsabilidad de los padres se expresa en el deber de usar ciertos medios aunque el resultado no dependa de ellos.
¡El ser padre trae aparejado enor- mes cambios en la vida! Ciertamente, si el hecho de casarse en- cierra grandes responsabilidades, el he- cho de ser padre las aumenta excepcio- |
nalmente. En efecto, la res- p o n s a b i l i z a c i ó n p a s a p o r u n a e t a p a d e m a d u r a c i ó n
“no vivo ya para mí mis- mo, sino que debo proveer para las necesidades diarias a mis seres queridos, debo ser más altruista, etc.” Responsabilidad de amor afectuosoamor afectuoso
¡ C u á n t o s p a d r e s h a y q u e no saben expresar ternura a sus hijos! ¡Cuántos padres no logran dar un beso, ha- cer un gesto de ternura y p r o n u n c i a r u n a p a l a b r a de aliento llena de amor!
¿ C u á n t o s p a d r e s h a y q u e n o s a b e n r e c i b i r n a d a d e sus hijos? Su reacción se reduce a un “sí, bueno,...” |
Responsabilidad de amor ante las elecciones de la vida
¿Estaré fuera de la casa hasta que caiga la noche cuando sé que mi pequeño tiene necesidad de mí, de mi presencia, de mis juegos, de mis palabras? Soy su “papá” en quien él deposita toda su confianza, y de quien espera reconocimiento y dis- ponibilidad. Si bien es absolutamente necesario comprender que debo ganar dinero, pero no debo sacrificar todo en el altar del éxito financiero y social. La familia es lo que cuenta. Responsabilidad de amor en la aceptación del niño No debo considerar al niño como un ob- jeto, sino como a un ser humano sensible a su ámbito social y cuyas necesidades cambiarán y crecerán con la edad. Si ten- go un apellido que es difícil de llevar, lo
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“No vivo ya para mí mismo, sino que
debo proveer para las necesidades diarias a mis seres queridos...
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ayudaré a afrontar la situación. Si es un lisiado, lo trataré como si fuera normal haciéndolo crecer en sabiduría y valentía para afrontar las dificultades de la vida. Si hace elecciones contrarias a mi forma de ver las cosas, debo recordar que su vida le pertenece y no es mía.
Responsabilidad de educación e instrucción
Mi hijo debe poder contar conmigo pa- ra aprender moralidad, sociabilidad y el gusto por el estudio. “Dad a vuestros hijos cultura intelectual y preparación moral. Fortaleced sus mentes juveniles con principios firmes y puros. Mientras tenéis oportunidad, echad el fundamen- to de una noble virilidad y feminidad. Vuestra labor será recompensada mil veces.” Consejos para los Maestros, pág.
125.
Responsabilidad de hacerle tomar
gusto por el trabajo
La lista se puede prolongar porque para hacer de un varoncito un hombre reali- zado se debe pedir a Dios sabiduría para actuar en armonía con la época y el lu- gar donde estamos. Dios dice: “Seis días |
trabajarás…” A menudo nos olvidamos de este pasaje y pasamos directamente al que dice: “mas el séptimo día es de reposo.”
Hagamos que nuestro hijo tenga gus- to por el trabajo, un trabajo bien hecho. Un antiguo proverbio dice: “No hay tra- bajo estúpido, sino sólo gente estúpida.” Aquí se resume la famosa cuestión de la
elección de un trabajo. Cada trabajo, en la medida en que se ajusta a la moralidad
cristiana, es loable. Lo esencial es sentir- se bien desarrollando esa actividad.
Pero es necesario saber también guiar al niño inteligentemente en su búsqueda porque “Muchos se desvían de la acti- vidad en la cual alcanzarían verdadero éxito. En procura de más honores, o de una tarea más agradable, intentan algo para lo cual no están preparados. Más de un hombre cuyos talentos se adap- tan a una vocación determinada, desea ser profesional; y el que hubiera tenido éxito como agricultor, artesano o enfer-
mero, ocupa inadecuadamente el puesto de pastor, abogado o médico. Hay otros que debieran haber ocupado un pues- to de responsabilidad, pero por falta de energía, aplicación o perseverancia, se contentan con un puesto más fácil.” La Educación, pág. 268. |
Responsabilidad de dar una imagen positiva de la espiritualidad y de Dios
E. G. White nos recuerda que en los pri- mero años de la vida del niño, los padres son los que dan a estas vidas tiernas y j ó v e n e s u n a i m a g e n d e D i o s . ¿ C ó m o p o d r á n c o m p r e n d e r q u e D i o s p e r d o - na y olvida los pecadores, si el padre es incapaz de mostrar en su vida este ejemplo de perdón y confianza? ¿Cómo podrá entender el amor comprensivo, justo, equilibrado amable de Dios si los padres expresan rencor, juicio, brusque- dad y rudeza?
Una vez leí una frase de un autor ateo que me hizo reflexionar: “Para que una persona se vuelva atea son necesarias tres generaciones: la primera dura e im- placable, la segunda formalista y la ter- cera echará todo por la borda.”
Nuestra actitud será la que forjará la visión que tendrán nuestros hijos de la divinidad, de los servicios sagrados y del
sentido de la religión en la vida.
Quiera Dios ayudar a que cada uno
piense en su responsabilidad en las múl- tiples facetas que encierra el hecho de ser padre. Los hijos son considerados una bendición divina. Que así sea y continúe siéndolo para el bien de todos.
Mattieu Dutour, Francia GS
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