ayudaré a afrontar la situación. Si es un lisiado, lo trataré como si fuera normal haciéndolo crecer en sabiduría y valentía para afrontar las dificultades de la vida. Si hace elecciones contrarias a mi forma de ver las cosas, debo recordar que su vida le pertenece y no es mía.

Responsabilidad de educación e instrucción

Mi hijo debe poder contar conmigo pa- ra aprender moralidad, sociabilidad y el gusto por el estudio. “Dad a vuestros hijos cultura intelectual y preparación moral. Fortaleced sus mentes juveniles con principios firmes y puros. Mientras tenéis oportunidad, echad el fundamen- to de una noble virilidad y feminidad. Vuestra labor será recompensada mil veces.” Consejos para los Maestros, pág.
125.

Responsabilidad de hacerle tomar gusto por el trabajo

La lista se puede prolongar porque para hacer de un varoncito un hombre reali- zado se debe pedir a Dios sabiduría para actuar en armonía con la época y el lu- gar donde estamos. Dios dice: “Seis días

trabajarás…” A menudo nos olvidamos de este pasaje y pasamos directamente al que dice: “mas el séptimo día es de reposo.”
Hagamos que nuestro hijo tenga gus- to por el trabajo, un trabajo bien hecho. Un antiguo proverbio dice: “No hay tra- bajo estúpido, sino sólo gente estúpida.” Aquí se resume la famosa cuestión de la
elección de un trabajo. Cada trabajo, en la medida en que se ajusta a la moralidad
cristiana, es loable. Lo esencial es sentir- se bien desarrollando esa actividad.
Pero es necesario saber también guiar al niño inteligentemente en su búsqueda porque “Muchos se desvían de la acti- vidad en la cual alcanzarían verdadero éxito. En procura de más honores, o de una tarea más agradable, intentan algo para lo cual no están preparados. Más de un hombre cuyos talentos se adap- tan a una vocación determinada, desea ser profesional; y el que hubiera tenido éxito como agricultor, artesano o enfer-
mero, ocupa inadecuadamente el puesto de pastor, abogado o médico. Hay otros
que debieran haber ocupado un pues- to de responsabilidad, pero por falta de energía, aplicación o perseverancia, se contentan con un puesto más fácil.” La Educación, pág. 268.
Responsabilidad de dar una imagen positiva de la espiritualidad y de Dios

E. G. White nos recuerda que en los pri- mero años de la vida del niño, los padres son los que dan a estas vidas tiernas y jóvenes una imagen de Dios. ¿Cómo p o d r á n c o m p r e n d e r q u e D i o s p e r d o- na y olvida los pecadores, si el padre
es incapaz de mostrar en su vida este ejemplo de perdón y confianza? ¿Cómo podrá entender el amor comprensivo, justo, equilibrado amable de Dios si los padres expresan rencor, juicio, brusque- dad y rudeza?
Una vez leí una frase de un autor ateo que me hizo reflexionar: “Para que una persona se vuelva atea son necesarias tres generaciones: la primera dura e im- placable, la segunda formalista y la ter- cera echará todo por la borda.”
Nuestra actitud será la que forjará la visión que tendrán nuestros hijos de la divinidad, de los servicios sagrados y del sentido de la religión en la vida.
Quiera Dios ayudar a que cada uno
piense en su responsabilidad en las múl- tiples facetas que encierra el hecho de ser padre. Los hijos son considerados una bendición divina. Que así sea y continúe siéndolo para el bien de todos.
Mattieu Dutour, Francia GS


LA EDIFICACIÓN DEL CARÁCTER
PARA LA ETERNIDAD

Tengo profundo interés en la ju- v e n t u d y d e s e o g r a n d e m e n t e ver a los jóvenes esforzándose
por adquirir un carácter cristiano per- fecto, tratando de lograr, mediante el estudio diligente y la oración fervoro- sa, la preparación esencial para prestar u n s e r v i c i o a c e p t a b l e e n l a c a u s a d e Dios. Anhelo verlos ayudándose mu- tu amen te p ar a alcan zar u n n iv el más e l e v a d o e n l a e x p e r i e n c i a c r i s t i a n a . Cristo vino a enseñar a la familia humana el camino de la salvación e hizo este ca- mino tan llano que hasta un niñito puede andar en él. Invita a sus discípulos a que avancen en el conocimiento del Señor; y a medida que éstos sean guiados diaria- mente por su dirección, aprenderán que su salida está aparejada como el alba. Habéis observado la salida del sol, y la aparición gradual del día sobre la tierra y el cielo. Poco a poco progresa la au- rora, hasta que aparece el sol; la luz se hace cada vez más fuerte y clara hasta que se llega a la plena gloria del medio-
día. Es ésta una bella ilustración de lo que Dios desea hacer por sus hijos en el perfeccionamiento de su experiencia c r i s t i a n a . A n d a n d o d í a t r a s d í a e n l a luz que él nos envía, en la obediencia voluntaria a todos sus requerimientos, nuestra experiencia crece y se amplía hasta que alcanzamos la estatura plena de hombres y mujeres en Cristo Jesús. Los jóvenes necesitan tener siempre pre- sente el camino que Cristo siguió. Fue en todos sus pasos un camino de victorias. Cristo no vino a la tierra como rey, pa- ra gobernar a las naciones. Vino como hombre humilde para ser tentado y para vencer la tentación; para que sigamos en pos de él, como debemos ir, para conocer al Señor. En el estudio de la vida de Jesús aprenderemos cuánto hará Dios por su medio, en favor de sus hijos. Y sabremos que por grandes que sean nuestras prue- bas, no pueden exceder a lo que Cristo soportó para que pudiésemos conocer el camino, la verdad y la vida. Mediante una vida de conformidad con su ejemplo,
hemos de mostrar nuestro aprecio por el sacrificio que hizo en nuestro favor. Los jóvenes han sido comprados a un precio infinito: el de la misma sangre del Hijo de Dios. Considerad el sacrificio del Padre al permitir que su Hijo fuera in- molado. Considerad lo que Cristo aban- donó cuando dejó los atrios celestiales y el trono real para dar su vida como sa- crificio diario por los hombres. Sufrió re- proches y abusos. Soportó todo el insul- to y la burla que los hombres malvados pudieron acumular sobre él. Y cuando hubo cumplido su ministerio terrenal, sufrió la muerte de cruz. Considerad sus sufrimientos en la cruz: los clavos con que le atravesaron las manos y los pies; la mofa y el vituperio de aquellos a quienes vino a salvar; el ocultamiento del rostro de su Padre. Pero mediante todo esto Cristo hizo posible que todos los que quieran, lleguen a poseer la vida que se mide con la vida de Dios. –Men- sajes para las Jóvenes, pags.16, 17.
E.G. White

Habéis observado la salida del sol, y la apari- ción gradual del día sobre la tierra y el cielo... Es ésta una bella ilustración de lo que Dios desea hacer por sus hijos en el perfeccionamiento de su experiencia cristiana.

INFORME DE LA ASISTENCIA DEL BUEN SAMARITANO A NIVEL MUNDIAL

Una breve semana entre las colinas de la Toscana coronadas de olivares – esos nobles y modestos árboles que son sím- bolo de la personalidad de un cristiano
– fue tiempo suficiente para contestar a algunas de las demandas de ayuda más urgentes que llegaron a nuestro depar- tamento.
A medida que se abren nuevos cam- pos misioneros y el número de miem- bros aumenta en las distintas uniones y campos ya establecidos, la cantidad de demandas de asistencia aumenta pro- porcionalmente.
Esta vez enviamos U$ 2000 a Bolivia para ser distribuidos entre los pobres de ese país cuya situación socio-económica es crítica. Perú, la unión más grande de Sud América, recibió la suma de U$ 6200 como apoyo para las viudas, huérfanos, enfermos y ancianos. Enviamos U$ 1000 a Uruguay para el nuevo obrero bíblico
que ha sido trasladado con su familia desde Paraguay. Zambia recibió U$ 2300, Zimbabwe U$ 500 y Angola U$ 500 para los evangelistas.
Un total de U$ 2500 fue dado a Tanza- nia para ayudar en distintos casos, entre ellos a un hermano a quien se le quemó la casa con todas sus pertenencias, a al- gunos huérfanos y a una niña desnutrida que presenta problemas de crecimiento. Para los obreros de Uganda enviamos U$ 1050 y para los de Burundi U$ 1600


Expresiones de agradecimiento de las hermanas en Congo por las donaciones del “Buen Samaritano”.
nuevas chozas ya que las condiciones cli- máticas han acabado con sus viviendas temporarias. En Kenia son las mujeres que construyen las paredes de las chozas con barro, pero necesitan chapas de zinc y madera para el techo, las puertas y las ventanas. La suma aproximada para ca- da choza de dos habitaciones pequeñas es de U$ 230.
A l g u n a s p e r s o n a s e n f e r m a s , e n t r e ellas un par de jóvenes, necesitan una alimentación especial ya que su alimen-
portará una ganancia de un 50% que se utilizará para asistir los muchos casos que se presentan constantemente.
Se comenzaron diferentes proyectos para las mujeres en varias iglesias del Congo: U$ 200 fueron entregados a la dirigente del departamento del Buen Sa- maritano para comprar ácido cáustico, aceite de palma, polvo y moldes para hacer jabón, otros U$ 200 fueron entre- gados para comprar colores, palanganas, baldes, y telas para teñir y vender. Se dejaron U$ 200 para un proyecto para las viudas que se dedicarán a preparar
y vender jugo de ananás y un delicio- so paté hecho con semillas de zapallo y otros ingredientes. Con U$ 200 se com- praron agujas, lana e hilo para tejer y hacer punto cruz. Con U$ 300 compramos dos máquinas de coser para una iglesia en que la mayoría de los miembros son mujeres y con U$ 520 compramos una máquina de coser, una de tejer y ma- terial para otra iglesia en otra ciudad. Con U$ 800 se iniciaron dos proyectos agrícolas en Lubumbashi y U$ 350 se
A medida que se abren nuevos campos misioneros, la cantidad de deman- das de asistencia aumenta proporcionalmente.
Los obreros de Malawi fueron también a y u d a d o s c o n U $ 5 0 0 . N o s l l e g a r o n muchas peticiones de Kenia donde hay nueve campos misioneros, algunos de ellos extremadamente pobres. Parte de la suma enviada fue para comprar sillas de ruedas para hermanos y hermanas lisiados. Además, tres viudas necesitan
to básico, el “ugali”, una mazamorra de maíz es muy pesada para quien tiene un estómago sensible. Se compraron bolsas de arroz y de papas para paliar su situación. La suma total que se dejó en Kenia fue de U$ 4700 que incluye la financiación de un proyecto de compra y venta de cereales, un negocio que re-

utilizaron para comprar colchones para los refugiados de guerra. Se necesitaron U$ 1000 para techar y poner puerta y ventanas en la vivienda de uno de los pastores y levantar paredes de ladrillo en la del otro. Contamos con una suma donada especialmente para los huérfa- nos de Ruanda y Burundi, pero espera- mos recibir información concreta con los nombres de las familias que tienen a cargo estos niños.
En el momento que escribimos este informe, tenemos ante nosotros otras solicitudes de diferentes países al igual que cartas de agradecimiento. El cam- po de la India está muy agradecido por los U$ 400 que el hermano Escobar les entregó de parte del Buen Samaritano y los U$ 200 que se le mandaron a con- tinuación, suma con la cual compraron tres máquinas de coser, mesas y sillas e inauguraron una escuela de corte y con- fección. El dirigente de jóvenes de Tanza- nia también nos escribió informándonos sobre el crecimiento y progreso de la es- cuela de corte y confección de la unión,
Comité directivo de la Unión del Congo junto a los hnos. P. Shirima y T. Petkov

Fachada de una de las escuelas secundarias en Congo
de la cual un buen número de jóvenes ya han recibido sus diplomas. La unión de Tanzania es muy emprendedora y trata de organizar a los jóvenes en hermosos coros y actividades de grupo y también de proporcionarles alguna profesión pa- ra mantenerlos alejados de la influencia mundana. Por lo tanto, nos ha presen- tado tres proyectos para los varones, y nosotros os los presentamos a vosotros, queridos lectores y donantes. Solicitan U$ 600 para herramientas para instalar una carpintería, U$ 300 para iniciar el trabajo de soldadura, U$ 300 para albañi- lería y U$ 500 para comprar otras máqui- nas para el taller de costura. En el Congo hay tres iglesias en la capital en las que no se pudo iniciar un proyecto por falta de fondos y en Lubumbashi hay cinco familias que duermen en el suelo y es- peran que recordemos enviarles fondos para comprar colchones que estimamos costarán aproximadamente U$ 700.
Deseamos expresar nuestra profunda
gratitud por vuestra generosa colabora-

ción que ha hecho posible que mucha gente haya sido ayudada y esperamos que quedéis satisfechos con la forma en que vuestras donaciones han sido utili- zadas. Esperamos que en la medida en que las bendiciones de lo alto son derra- madas sobre vosotros, continuéis a ser una bendición para los que necesitan de nuestra caridad. Muchas gracias. EL“BUENSAMARITANO”EN EL CONGO (ZAIRE) Apenas se llega al aeropuerto uno siente que está en el corazón de África. Cinco años de guerra han dejado heridas visi- bles por todas partes. En medio de ese caos y agresividad vislumbramos los rostros sonrientes y serenos de nuestros hermanos en la fe que nos esperan. Un cristiano puede conservar la calma aun en medio de la más gran conmoción sim- plemente porque no es ciudadano de es- ta tierra y tiene una esperanza viva.
La semana que pasamos en Kinshasa,

Entrada a una de las escuelas en Congo
la capital del Congo, que cuenta con 10 millones de habitantes, fue muy activa y hasta agitada ya que no es fácil conse- guir medios de transporte, la condición de las calles es deplorable y las distan- cias son muy grandes. Nos vimos con- frontados con muchas situaciones que requieren la presencia activa no de un buen samaritano, sino de un ejército de ellos. Las iglesias son muy numerosas y los miembros extremadamente pobres.
no tiene un sueldo y los que trabajan y son pagos no reciben más de U$ 10 ó U$
20 por mes. Uno puede pensar que eso es suficiente para vivir en un país del tercer mundo, pero una sola comida para una familia de 8 a 10 miembros cuesta U$ 5 al día y la mayoría de la gente no pue- de darse el lujo de comer todos los días. La pobreza del país es casi un insulto a la belleza del paisaje y a la riqueza del suelo que cuenta con minas de metales
hace tres años que duermen en el suelo, sin colchón o frazada, en una especie de galpón que les ha proporcionado el go- bierno. Nos presentaron el caso de ocho familias de nuestra denominación que viven en esas condiciones, algunas con muchos niños y hasta un pastor anciano con su esposa. Lo primero que hacemos es comprarles colchones pero sólo tene- mos para tres familias. El resto ha que- dado a la espera que no nos olvidemos de ellos a nuestro regreso a Europa.
Compramos herramientas de jardine- ría y semillas para que cultiven un terre- no que tiene la iglesia y lo que les ha da- do el gobierno a los lados de la carretera.
A menudo se ven jóvenes y ancianos, mujeres con sus hijos a cuestas y hasta niños sacando la basura para poder cul- tivar la tierra para plantar.
La directora del Buen Samaritano quiere mostrarnos algo. Viajamos por calles llenas de zanjas y charcos, incluso nos atascamos en un barrial, pero final- mente llegamos a un barrio muy pobre
Los sobrevivientes viajaron a pie durante meses, cubriendo una distancia de 1300 kilómetros, llevando a sus hijos a cuestas
Algunos duermen en el suelo de la igle- sia porque no tienen un techo propio ni ninguna pertenencia. En algunas partes de la ciudad ni siquiera hay iglesia, pero docenas de mujeres se reúnen bajo un ár- bol frondoso a alabar a Dios hasta que la lluvia las dispersa. Nos piden que al me- nos les proporcionemos unas lonas para usar como techo. La mayoría de la gente
preciosos y diamantes.
Por todas partes hay refugiados de guerra que han perdido todo, incluso algunos de sus seres queridos. Los sobre- vivientes viajaron a pie durante meses, cubriendo una distancia de 1300 kilóme- tros, llevando a sus hijos a cuestas, dur- miendo en los bosques alrededor de una fogata y con el estómago vacío. Ahora

donde visitamos a una hermana que du- rante nueve meses está sentada y duer- me en un colchón en el suelo. Una de sus piernas parece en estado de descom- posición. Una vecina que es enfermera le presta alguna asistencia pero nadie la pueda sanar. No tiene dinero para ir al médico ya que su marido que es maestro gana sólo U$ 10 al mes. Le damos U$ 200 y al día siguiente la operan.
Nuestra gira aún no ha terminado.
Nos conducen a un lugar junto al río. Parece muy pintoresco pero la realidad de muchas de las personas que viven a orillas del río Congo no es para nada envidiable. Uno de nuestros pastores vive allí con su numerosa familia en una construcción de madera. Cada tanto su vivienda temporaria es destruida por las inclemencias del tiempo y debe improvi- sar otra. Los mosquitos
abundan en esa zona y la amenaza de la ma- laria está siempre pre- sente. Necesita comprar ladrillos para construir algo más permanente, p e r o c o n s i d e r a n d o l a situación, esto es una utopía.
Nos llevan a la casa d e o t r o m i n i s t r o d e l e v a n g e l i o . E s t e h e r - m a n o t i e n e n u e v e h i - jos, dos de ellos están t o t a l m e n t e d e s n u d o s . A d e m á s d e e s o n o t o , n i b i e n e n t r o e n u n a h a b i t a c i ó n d e 3 x 3 con piso de tierra y sin muebles, que práctica- mente no tiene techo.
bros tiene la iglesia tanto más gente hay que necesita asistencia. Hay cientos de gente sin techo y sin hogares, millones de niños y adultos que mueren de ham- bre y epidemias y aun si nosotros somos pocos y tenemos pocos medios, tan poco como ese puñado de harina y esa jarra de aceite que tenía la viuda de Sarepta, si estamos dispuestos a compartirlo con los que son más necesitados que noso-
LA EDUCACIÓN ES UN PRIVILEGIO
Lo que en muchos países se toma por sentado, en otros es casi una utopía.
La educación, que consiste en el de- sarrollo armonioso de las facultades fí- sicas, mentales y espirituales con el fin de preparar al hombre para servir a la sociedad, es un privilegio del que no todos los seres humanos gozan.
Hay cientos de gente sin techo y sin hogares, millones de niños y adultos que mueren de hambre y epidemias

tros, el Señor puede hacer milagros no sólo con la gente del Congo, sino en to- do el mundo. Pero no olvidemos que el mejor don que podemos dar a esa gente es preparar la venida de Jesús porque

Niños en una de las escuelas primarias de la iglesia en Congo

sólo entonces se acabarán la miseria, las enfermedades y la muerte. ¡Maranata! dicen nuestros hermanos congoleses a cada momento. Hagamos todo lo que está de nuestra parte para que su deseo y el nuestro se cumpla. “Dice el que tes- tifica estas cosas: Sí, vengo pronto. Ven, Señor Jesús.” (Apoc. 22:20).

En efecto, el analfabetismo, que corre paralelamente a la miseria, es uno de los males que afecta a la sociedad de nues- tros días. Continentes enteros tienen una elevada tasa de personas que son inca- paces de leer y escribir.
Esto afecta también la d i v u l g a c i ó n d e l e v a n - gelio ya que el estudio de la Palabra de Dios es invalorable para el creci- miento espiritual.
En África, donde el porcentaje de población infantil es muy elevado, no deja de ser chocante y hasta doloroso ver que la educación es realmente un lujo que pocos se pueden dar.
La gracia de Dios hi- zo posible que reciente- mente visitara algunas e s c u e l a s e n e l C o n g o y deseo compartir con vosotros esta experiencia. Esta historia seguramente se repite en muchos países africanos donde ni siquiera la enseñanza primaria es gratuita. UNA VISITA A TRES ESCUELAS EN LUBUMBASHI
Nos encontramos en la República del Congo (ex-Zaire). Un vuelo de tres ho-

ras y media nos lleva desde Kinshasa, la capital, a Lubumbashi, en la parte su- deste del país. Como esta es una zona rica en cobre, la apariencia de la ciudad, comenzando por el aeropuerto, es más aceptable. Nuestros hermanos y herma- nas están gozosos de vernos y también
nosotros. Su hospitalidad y calor huma- no nos conmueve. Tienen algunos planes para nuestra estadía, entre ellos la visita a tres escuelas.
Está lloviznando cuando bajamos del
mini bus alquilado y cruzando un ba- rrial, nos dirigimos a la escuela prima- ria que cuenta con 160 alumnos. Todos están afuera cantando para darnos la bienvenida. Dos alumnos se adelantan y nos leen algunas líneas que confirman el hecho que somos gratamente bienve- nidos. Nuestra visita parece ser un gran acontecimiento. Una niña se acerca y me extiende un ramo de flores de plástico. Después de haber visto bastante sobre la condición en la que vive la gente en ese país desvastado por la guerra, me temo que alguien se quedó sin comer ese día
para que yo pudiera recibir esas flores. Tal pensamiento me hace sentir deseos de escapar, pero corro a Jesús y le ruego que me perdone y me purifique mientras me quedo allí y sigo toda la ceremonia.
en “el libro de oro.” Desearía mojar las páginas con mis lágrimas pero mis ojos están secos. Escribo algunas pocas pala- bras alentadoras y de consuelo mientras siento una gran frustración y hasta ver-
Visitamos los salones de clase pisando en el barro.
Hay unos pocos bancos y un pizarrón. Las paredes están desnudas. Los niños nos miran con ojos llenos de expectación...
Visitamos los salones de clase pisando en el barro. Hay unos pocos bancos y un pizarrón. Las paredes están desnudas. Los niños nos miran con ojos llenos de expectación pero no tenemos nada para ofrecerles, ni siquiera una promesa. En una clase cada niño tiene un libro. Hago un comentario positivo. La maestra nos dice que UNICEF les proporcionó los li- bros y algún material, pero debido a que la infraestructura de la escuela era deplo- rable suspendieron la asistencia.
La directora nos conduce a una pe- queña oficina y nos pide que firmemos
güenza. Nos informan que la mayoría de los niños son refugiados de guerra y no pagan. Nos leen una carta expresando sus metas y necesidades. Es evidente que nos ven como su única esperanza.

EN LA FRONTERA CON ZAMBIA

Subimos al mini bus y viajamos unos cincuenta minutos a un pueblo en la frontera con Zambia. Son las 12.30 y nos cruzamos con algunos niños que y a r e g r e s a n a s u s h o g a r e s e n m e d i o del barrial. La mayoría están descalzos. Cuando nos ven corren de nuevo a la escuela y se reúnen en la iglesia que du- rante la semana sirve de salón de clase. Visitamos las aulas hechas de ladrillos fabricados por nuestros hermanos. Los pisos son de cemento y el techo de zinc. Nos cuentan cómo un hermano que los visitó desde Europa se sintió motivado para comenzar una campaña para ayu- dar a los niños del Congo. Gracias a su iniciativa muchos niños pueden asistir hoy a la escuela. Me conmueve ver que hay corazones que se enternecen ante tanta miseria.
Ni bien entramos, el coro se pone a entonar himnos. Los niños están amon- tonados en los asientos. Todos los ojos están fijos en nosotros, los extranjeros. Hay un par de niños que se parecen mu- cho. Deben tener unos tres años. Pregun- to si tienen jardín de infantes. Me expli- can que esos niños tienen un atraso en el crecimiento debido a la desnutrición y que en realidad tienen seis años de edad.


Uno de los coros de la hermandad en Congo.