Mayo 2004

INFORME
MISIONERO
DE
MADAGASCAR

"Porque así nos
ha mandado el
Señor, diciendo:
Te he puesto para
luz de los gentiles,
a fin de que seas
para salvación
hasta lo último de
la tierra"
(Hechos 13:47).

A nuestra querida familia de todo el mundo:

Madagascar es una gran isla, cuya extensión total es de 587.000 Km2. Está situada cerca del sureste de África, frente a la costa de Mozambique, en el Océano índico. Su población es de alrededor de 15.000.000 de habitantes, formada por una variedad de grupos étnicos, siendo 18 grupos los más importantes, de ascen­dencia generalmente mixta, principal­mente africanos, árabes e indonesios. Su idioma oficial es el "malgache" y el fran­cés; pero en la práctica, solamente del 20 al 30% de la población urbana habla el francés. La población rural habla única­mente "malgache" y es el idioma que se emplea diariamente entre la población en general.

En cuanto a la religión, alrededor del 44 % es animista (especialmente en las zonas rurales). Las variadas formas de ritos y ceremonias de esta religión ancestral, se encuentra fuertemente ligada a los hábitos de la vida social y éstos a su vez están íntimamente rela­cionados con festejos rituales dedicados a los muertos. Es decir, a los espíritus de los que fueron personalidades en el pasado; también, a aquellos que pertene­cieron a la línea real. En algunas zonas, en fechas determinadas, estas ceremo­nias se complementan con exhumación de los restos óseos. El cristianismo ocupa alrededor del 53% de la población, siendo las iglesias más dominantes los dife­rentes grupos protestantes (luteranos,

calvinistas, anglicanos, pentecostales, etc.); el catolicismo no es numeroso. El adventismo también ocupa un lugar importante.

El Señor, mediante su Santo Espí­ritu, puso en el corazón de nuestro her­mano F. S. K. Mwakhawawa de Tanzania, el ardiente deseo de propagar el mensaje del Movimiento de Reforma, también en esta isla. En el mes de abril del año 2001, llegó a Antananarivo, capital de Madagascar, días después de haber lle­gado en barco a la costa de esta Isla. Por la providencia divina nuestro abnegado misionero llegó a contactar con los que ahora son nuestros hermanos.

El pastor Mwakhawawa, perma­neció alrededor de tres meses dando conferencias y estudios bíblicos sobre doctrina e historia; resultado de lo cual el pastor Desiré Ramavozatovo y los miembros de iglesia, alrededor de 70 almas, aceptaron la doctrina verda­dera y decidieron integrarse en nues­tra iglesia. Posteriormente, con miras a establecer la obra, el Programa de Misiones Extranjeras de la Asociación General, hizo posible la preparación y el viaje de los hermanos Daniel Valverde y Ruth Torres, como misioneros para este país, arribando a Antananarivo en el mes de marzo de 2002. Desde entonces trabajan a tiempo completo realizando seminarios de instrucción y adoctrina­miento a los miembros, a los dirigentes y obreros. También dando cursos bíblicos a los interesados en el mensaje, a ñn de prepararlos debidamente para el santo bautismo. También realizan conferen­cias y dan estudios bíblicos a hermanos adventistas, a dirigentes y pastores de diferentes grupos religiosos que guardan el sábado, con el propósito de darles a conocer la verdad presente y atraerlos al pueblo de Dios.

Contamos también con dos her­manas con título de profesoras quienes aceptaron el mensaje de reforma. Ellas

tienen el ardiente deseo de crear escue­las a nombre de la iglesia con el propó­sito de apoyar la obra, y al respecto se están haciendo planes y esfuerzos para hacer realidad esta posibilidad.

Todos nuestros hermanos son de condición económica modesta, la mayo­ría no dispone de trabajo estable, sus ingresos son muy reducidos aun para satisfacer sus propias necesidades. Pero, por amor a Dios y su obra, con esfuerzo y fe, estamos realizando diferentes actividades con el propósito de reunir dinero para la adquisición de un terreno, en donde podamos construir nuestro templo y una sede para la misión. Pero por nuestra cuenta será imposible reunir los 10.000 dólares a medio plazo (valor mínimo que precisamos para comprar un terreno conveniente). No contamos con recursos materiales en los cuales confiar, sin embargo, nos apoyamos en la gracia y las maravillosas promesas de nuestro Dios, así como en la fe y buena voluntad de nuestra generosa familia espiritual de todo el mundo. Confiamos que, con muy buena disposición, nuestros herma­nos nos brindarán su apoyo espiritual y financiero, respondiendo a nuestro clamor, tal como el apóstol Pablo lo hizo al llamado del varón macedonio: "Pasa... y ayúdanos" (Hechos 16:9). Os rogamos, en el nombre de nuestro Salvador Jesús, que hagáis de vuestra ofrenda un sacri­ficio de amor, una ofrenda de abnegación por la obra de Dios en este país. Nuestro Señor os colmará de sus ricas bendicio­nes conforme a su promesa, pues el que siembra generosamente, generosamente también segará las abundantes bendi­ciones de Dios. 2 Corintios 9:6. Que Dios bendiga ricamente vuestra generosidad, y que su gracia sea siempre vuestro sus­tento y guía. Amén.

En nombre de los hermanos de Madagascar,

-Daniel Valverde C. Representante Regional

INFORME
MISIONERO
DEL
DEPARTAMENTO
DEL BUEN
SAMARITANO
DELA

ASOCIACIÓN GENERAL

"Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas. Ben­dito su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén" (Salmo 72:18, 19).

Es un gran privilegio poder saluda­ros en el nombre del Señor y compartir con vosotros nuestras experiencias en la obra asistencial del Buen Samaritano.

Ya han pasado diez años desde que se creó el departamento y queremos agra­decer al Señor, de todo corazón, por su guía y sus bendiciones y a todos los hermanos que fiel y generosamente han hecho posible esta obra, y daros una visión retrospectiva de lo que se ha hecho hasta hoy. Como es de vuestro conocimiento, nos ocupamos de atender las necesidades de los miembros más pobres de nuestra comunidad.

A medida que pasan los años la obra crece más y más, se abren nuevos campos y recibimos más solicitudes de ayuda y pro­yectos que requieren nuestro apoyo.

Las necesidades en los países del tercer mundo van en aumento. Continua­mente recibimos pedidos de ayuda para asistencia médica hospitalaria y quirúr-

gica. La lista de las viudas, los huérfanos y los ancianos, cuya supervivencia depende de la generosidad del prójimo, crece.

Como pueblo de Dios, llamado a manifestar su misericordia y el mismo espíritu de renuncia de Jesucristo, se nos presenta la oportunidad de colaborar con Él, administrando sabiamente los bienes que nos ha otorgado.

La sierva del Señor escribe:

"Dios permite que sus pobres estén dentro de cada iglesia. Siempre los habrá entre nosotros, y el Señor coloca sobre los miembros de cada iglesia una responsabili­dad personal en lo referente a cuidarlos. No debemos transferir nuestra responsabili­dad a otros. Debemos manifestar hacia los que están entre nosotros el mismo amor y simpatía que Cristo manifestaría si estu­viese en nuestro lugar" (El Ministerio de la Bondad, pág. 189).

Nuestro deseo es unir nuestras manos, nuestros corazones y nuestras fuerzas y organizarnos para que la obra sea más efectiva. Proponemos que en cada iglesia se elija a una o más personas encargadas de promover esta labor incentivando a la hermandad a contribuir regularmente para aliviar el sufrimiento de nuestros hermanos. Sería conveniente que también la Asociacióno Unión tenga sus personas, miembros fieles y piadosos encargados de reunir los fondos de todas las iglesias y enviarlos, mensual o trimestralmente, a nuestra cuenta bancaria ya sea en Italia, Alema­nia o EE.UU.

En el Espíritu de Profecía, leemos:

"En toda iglesia debe establecerse un fondo para los pobres. Luego cada miembro presentará una ofrenda de agradecimientoaDioscadasemana


Privémonos de algunos de nuestros lujos; sí, aun de comodidades, y ayu­demos a aquellos que pueden obtener solamente la más escasa alimentación e indumentaria. Al obrar en su favor, obramos para Jesús en la persona de sus santos.

Él se identifica con la humanidad doliente. No aguardemos hasta que hayan sido satisfechas todas nuestras necesidades imaginarias. No confiemos en nuestros sentimientos para dar cuando nos sintamos dispuestos a ello, y retener cuando no nos inclinemos a dar.

Demos regularmente, sea diez, veinte o cincuenta centavos por semana, según lo que quisiéramos ver anotado en el registro celestial en el día de Dios" (El Ministerio de la Bondad, págs. 286-287).

Seguramente tendréis el gran gozo de saber que gracias a vuestros actos de generosidad no falta el pan en la mesa de nuestros hermanos ni crece el analfabetismo en ciertos países, y, por lo tanto, experimentaréis lo que expresó el apóstol Pablo al recordar lo que dijo el Señor Jesús:

"Más bienaventurado es dar que recibir" (Hechos 20:35). Además, el Señor os colmará de bendiciones porque el que ayuda al pobre presta a Dios. Proverbios 19:17.

"Los pequeños torrentes de caridad siempre deben mantenerse fluyendo a la tesorería. La providencia de Dios está mucho más allá que nuestra liberalidad y marcha mucho más rápidamente" (El Ministerio de la Bondad, pág. 282).

Quiera el Señor ayudarnos a acer­carnos más a El en la persona de los necesitados. Quedamos desde ya muy agradecidos por vuestra colaboración.

-El Equipo del Buen Samaritano