Julio 2004

INFORME MISIONERO DE CONGO

Agradecemos enormemente a la Unión Congolesa por haber aceptado que la delegación de la Asociación General viniese a Lubumbashi a visitar nuestra asociación. La Asociación General me encomendó la misión de visitar a la hermandad en la parte nordeste del país, en la provincia de Katanga, que anteriormente estuvo ocupada por los rebeldes. Kalemie dista 1600 kilómetros de Lubumbashi.

Organización

La parte nordeste de la asociación está dividida en nueve distritos eclesiásticos. Cada capital de distrito dista de la otra unos 100 kilómetros y está dirigida por un pastor consagrado que trabaja a tiempo completo al servicio de la iglesia. Cada director de distrito recibe U$10 por mes y se espera que las autoridades de la iglesia consideren la situación.

Por encima de estos nueve distritos se encuentra un comité que coordina las acitividades de éstos. Está dirigido por un pastor consagrado, secundado por un secretario quien es también un pastor consagrado, un tesorero y un consejero. Dicho comité se renueva cada tres años. En ciertos casos, este comité es autónomo pero en otros debe dirigirse a la asociación. Hemos creado esta estructura que no corresponde a la estructura oficial de la organización, con el fin de acercar la federación a los distritos que se encuentran, como ya se dijo, a unos 1600 kilómetros de distancia de Lubumbashi.

El viaje

Primera etapa

El 29 de noviembre de 2003 tomamos un avión a Kalemie adonde llegamos después de dos horas de vuelo. Después de largas formalidades en el aeropuerto, tomamos un taxi-bus con los hermanos y hermanas que habían venido a recibirnos al aeropuerto, y nos dirigimos a la iglesia donde nos esperaba la gran familia. Después de la ceremonia de bienvenida, pasamos al programa del sábado. A continuación, comenzamos con nuestro seminario sobre la Reforma y hablamos de sus comienzos, de la llegada del mensaje a Congo, de la reforma sanitaria: la alimentación y la vestimenta, de la


preparación para el sábado y los cultos. Este programa llevó toda la tarde del sábado y todo el domingo hasta las 19 horas. El lunes nos ocupamos de entrar en contacto con diferentes grupos, tales como los dirigentes, el departamento de Dorcas y el cuerpo docente.

Segunda etapa

Cuando terminamos el programa en Kalemie, debí viajar a Nyuzu, a 150 kilómetros, pero no había ni avión, ni auto ni tren así que la única posibilidad era ir a pie siguiendo las vias del tren, como hace la gente del lugar. Después de reflexionar un poco, decidí aventurarme a pie a pesar de los peligros: los animales salvajes, los rebeldes, el sol ardiente o las fuertes lluvias, mi edad (57 años) y la falta de experiencia en viajar a pie. Estaba dispuesto a aceptar todo lo que sucediera ya que iba a ver el rebaño que hacía siete años no había recibido ninguna visita. La iglesia de Kalemie me cedió como acompañantes un anciano de iglesia, el hno. Nkulu Albert y otros tres hermanos: Muteba Baruani, Kayumba Kigagio y Lumbu Mukalamusi. Partimos después de haber comprado una estera que me serviría de lecho o de camilla en caso de deceso en el viaje. El 7 de diciembre, a las 8.20 a.m., después de haber orado, nos pusimos en marcha hacia Nyunzu, a 150 kms., siguiendo la vía del tren. A las 11.30 a9 kilómetros de Kalemie, cerca del pueblo de Kibila, pisé una serpiente que se encontraba entre la hierba. Esto me hizo pensar en la palabra de nuestro Señor Jesucristo en Marcos 16:18. Confié mi vida al Señor y continuamos nuestra marcha como si nada hubiese sucedido.

A 20 kms encontramos a los miembros de iglesia que pertenecían al grupo de Kibila

y que estaban ocupados en sus labores campesinas. Descansamos 20 minutos en la capilla y después de tomar algunas fotos como recuerdo continuamos nuestra ruta. Nuestros hermanos nos ofrecieron mandioca dulce.

Caminamos hasta las 17 horas y como estabamos muy cansados dormimos en el pueblo de Ngandu Luyi, a 30 kilómetros de Kalemie. Nuestra estera nos sirvió de lecho de campaña. A este punto era difícil encontrar qué comer y los tres jóvenes que me acompañaban se dedicaron a triturar la madioca para sacar harina y preparar Bukari. Como teníamos también ananás, me contenté con esta fruta. Por la mañana del 8.12.2003, a las 6.30 a.m., después de la oración, partimos. Como comandante del grupo, pasé revista a la tropa mientras el rocío caía del cielo como una bendición. Marchamos duramente bajo la protección divina hasta la noche y pernoctamos enMiswaki, a 75 kilómetrosde Kalemie, al aire libre, alrededor de una fogata como protección contra las picaduras de los mosquitos.

El 9.12.2003, después de la oración, emprendimos la marcha a partir de las 6.30 a.m. bajo una lluvia constante; pasamos la noche en el pueblo Mulima donde el pastor de una iglesia protestante nos hospedó en su capilla pues no había ninguna casa disponible.

El 10.12.2003 partimos una vez más a las 6.30, después del culto matutino y caminamos hasta llegar a la última barrera a la entrada de Nyunzu donde debimos pagar 1750 francos congoleses para obtener una visa de ingreso a Nyunzu. Eran las 11 de la mañana. A las 11.30 llegamos a la casa del pastor.

Tanto el pastor como los miembros de Nyunzu estaban grandemente sorprendidos de vernos llegar a pie y que no estuviesemo

 


fatigados ni que se nos hubiesen hinchado las piernas.

El viernes 11.12.2003 me puse a trabajar. Comencé por ponerme en contacto con varios grupos, los dirigentes, las hermanas del departamento de Dorcas, los maestros y los jóvenes. El sábado por la tarde comenzamos con el seminario con los mismos temas que en Kalemie y continuamos todo el día del domingo. El domingo 14, los amigos que habían venido conmigo de Kalemie volvieron a pie y el lunes 15 alquilé dos bicicletas y acompañado por dos jóvenes: Lwamba Beya Célestin, el anciano de iglesia, y Kyungu Muyumba, el diácono, partimos hacia Mbulula, la tercera etapa del viaje a 118 kilómetros.

Tercera etapa

El lunes 15, a las 8 a.m., después del culto, partimos. Después de dos kilometros, debimos empujar las bicicletas pues el camino era en subida. Esa etapa fue muy agotadora, pues cada tanto había que bajarse y empujar la bicicleta. A las 17 horas estabamos muy cansados y pasamos la noche al aire libre, alrededor de una fogata encendida por los hermanos que me acompañaban. Estabamos en la cercanía del pueblo de Kitunka, a 60 kilómetros de Nyunzu. Allí nos picaron los mosquitos durante la noche y de día las moscas Tsé tsé. El 16, a las 6.30, dejamos el pueblo de Kitunka después del culto matutino, y nos dirigimos a Mbulula adonde llegamos a las 17 horas, a pesar de los problemas con los militares que encontramos por el camino. Como había hecho en los otros lugares, me puse en contacto con diferentes grupos y luego, el 19 y 20 de diciembre, realicé un seminario con los mismos temas. El 21 tuvo lugar un encuentro de todos

miembros de los diferentes distritos en la ciudad de Luhonga a 15 kilómetros de Mbulula. Este encuentro se lleva a cabo cada tres meses en un lugar que es elegido por el comité y se informa sobre el encuentro con tres meses de anticipación. Fuimos a Luhonga a pie y allí estaban presentes los delegados de los cuatro distritos. El anciano de la iglesia local había preparado la recepción de todos los participantes que eran alrededor de 560 personas. Aproveché esta ocasión para presentarlas enseñanzas. Cuarenta y cuatro personas respondieron al llamado del predicador y aceptaron el mensaje. Mientras estabamos en Luhonga, los dos hermanos de Nyunzu se volvieron en bicicleta.

Cuarta etapa: Districto de Ilunga a 30 kilómetros de Mbuklula

El 22 de diciembre, el pastor del distrito de Mbulula me dio dos jóvenes ( sus hijos) para que me acompañaran a Ilunga en bicicleta. Partimos después del culto matutino y llegamos a Ilunga a las 12, hora local. Los dos jóvenes regresaron a su pueblo después de haber descansado por una hora.

Después de establecer contacto con los diferentes grupos, pasé a dar el seminario sobre la reforma.

Después del programa en Ilunga quedé bloqueado por dos días por falta de bicicletas para alquilar para ir a Muti, a 60 kilómetros de Ilunga.

Quinta etapa

El 25, el pastor del districto y el anciano de iglesia me acompañaron y llegamos a Muti a las 19 horas, bajo lluvia torrencial. Como en todos los otros distritos, tuve un encuentro con los dirigentes, las hermanas de Dorcas y los jóvenes y el sábado 27 y


todo el domingo 28 realicé el seminario hasta las 19 horas.

Por la noche me sentí enfermo, estaba exhausto. El pastor del districto, hermano Muteba Ayombo, hizo todo lo posible para que me transportaran a Kongolo y a las 20 horas mandó a alguien a buscar una moto. Habíamos andado unos 4 kilómetros cuando nos quedamos sin combustible y debimos pasar la noche allí. Patimos al día siguiente, a las 17 horas, pues debimos esperar que nos trajeran combustible. Como estaba realmente agotado debí descansar durante 4 días y luego continué haciendo contactos y el sábado y domingo continuamos con el programa que se clausuró a las 19 horas del domingo. Mientras descansaba esos cuatro días, envié al pastor Muteba Mamaba Gustave, secretario del comité, a viajar en una moto alquilada para presentar el mismo programa en el distrito de Wamaza, a 175 kilómetros. A su regreso, el hermano dio un informe positivo de su visita.

Conclusión

Nuestros hermanos en el norte acaban de salir de entre las matas donde pasaron gran tiempo escondidos debido a las guerrillas, y algunos todavía no han salido. Carecen de todo; tienen solamente coraje para trabajar y fe en Jesucristo nuestro Salvador. Son pobres y están desnutridos, están todos enfermos y padecen de un tipo de psicosis pues han sido testigos de toda clase de atrocidades. Acaban de plantar maíz en sus campos, pero aun no han cosechado. Tienen dificultad en encontrar qué comer y la situación es realmente lamentable.

Los pastores se entregan de cuerpo y alma al servicio de la obra aunque no son pagados y tienen un aspecto deplorable. Carecen de vestimentas, de nutrición y tienen la pesada responsabilidad de visitar a pie el rebaño que se encuentra esparcido en grupos a través del distrito, a 100 y 120 kilómetros de distancia. Solicitamos a la Asociación General que haga lo posible por proveer a nuestros hermanos de vestimentas, zapatos, gafas, utensilios de cocina, mantas, mosquiteros, machetes, bicicletas, máquinas de coser, molinos para hacer harina de maíz, tejas para construir el techo de iglesias, sacos de cemento, tractores, herramientas para la agricultura, biblias en swahili, libros del Espíritu de Profecía, himnarios y manuales de iglesia. Sé que se necesita mucho dinero para hacer esto, pero propongo que la Asociación General compre algunas cosas en Lubumbasi para reducir así los gastos. Termino con el siguente versículo bíblico: "El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído." Proverbios 21:13.

-Uno. Kiambe