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¡MÁS CERCA! „Mirad, velad, y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.” Marcos 13:33. OmegaAquí el término omega se refiere a vigilancia, pues sabemos, en efecto, que el tiempo está más cerca. En griego (apódosis) se define como el “fin”, la recompensa de todos los esfuerzos que se han hecho. Es más, la palabra griega “omega”, la última letra del alfabeto griego, se refiere, una vez más, a la obra final, al fin. “Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (Apocalipsis 21:6). Pero en Lucas 12:37, leemos: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando...” Una nueva Edad Media Tenemos por delante el año 2008. Sí, este mundo soñoliento está pronto para la destrucción. El pecado está maduro, los desastres van en aumento, hay un resurgimiento de raras enfermedades antiguas tales como la tuberculosis, el SIDA, la lepra, etc. Estamos entrando en un mundo desenfrenado, airado, lleno de ansiedad e inseguridad. Es una época de música y modas detestables, marcas salvajes, de origen tribal (tatuajes), afectos viles y contra natura (homosexualidad), abortos, crisis, criminalidad, escándalos entre los predicadores, iglesias gigantescas, idolatría de ídolos americanos, corrupción abominable, peleas y envidia, abuso de sustancias perniciosas – drogas, alcohol, y nicotina, apetito depravado (obesidad), diabetes, enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, Esclerosis múltiple, etc. Vemos que los pecadores se hunden en el abismo del pecado. En efecto, estamos entrando en una nueva Edad Media, vivimos en los días tenebrosos del terror y entramos en un período de anarquía moral. (Mateo 24; 2 Timoteo 3). Hablar y cantarVolviendo a nuestro versículo inicial, como pueblo de Dios debemos tener mucho que decir sobre este tiempo de espera y vigilancia. ¿No es así? Parecería que hablamos más a menudo sobre este tiempo en nuestros sermones y exhortaciones, consejos, advertencias y preparación y tratamos de hacer lo que nos parece apropiado o lo que nuestra mente indagadora, y a menudo inclinada a dudar, considera que se requiere. Además, nos alegramos al cantar sobre ello en nuestros himnos, canciones y música espiritual. A menudo, vemos escrito sobre este tiempo en el evangelio, los testimonios, los periódicos, y las lecturas de la semana de oración. ¿Vigilar qué? Todo esto está muy bien, pero ¿qué se debe vigilar? ¿En qué consiste esta vigilancia, en permanecer pasivos y y mirar las nubes de los cielos, las estrellas, como los discípulos miraban hacia arriba cuando Jesús ascendió a los cielos? ¿Es sentarse con la mirada dirigida hacia fuera, como si se siguiera el movimiento de la aguja de un reloj? ¿Es acaso sentarse ante la ventana y mirar detenidamente a los peatones que pasan por delante de tu casa, como es la costumbre en muchos países? ¿Estamos listos? Lucas usa también aquí una ilustración. Es un evento relacionado con una boda oriental: “De cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.” (Lucas 12:37) Pedro, quien siempre hacía preguntas, quería que Jesús le dijera el propósito de la parábola y a quién se refería... ¿a “nosotros”, los doce, o “también a todos?” (41) El Señor la aplicó a los siervos que estarían presentes a su venida: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando...” (37) Más adelante dice: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (43), por ejemplo, “dando a tiempo su ración” (vers. 42). La vigilancia es esencial para cumplir con lo que Dios quiere que su pueblo haga. ¿Estamos trabajando? En Mateo, encontramos la advertencia o amonestación de vigilar y la bendición que reposa sobre la vigilancia. Lucas se refiere a hacer algo. ¿En qué consiste entonces este vigilar mientras se obra? Vigilar es reunir a la familia de Adán, a la familia del reino, y advertirla, instruirla, y disciplinarla para la venida del Rey. Vigilar es entonces trabajar. Horacio, el escritor de la antigüedad, dijo. “La vida, sin que se trabaje duramente, no otorga nada a los mortales.” Un nuevo año misterioso “Muchos están en el umbral del reino esperando únicamente ser incorporados en él.” (HAp., pág. 80). Otros van camino al reino y murmuran durante todo el trayecto. Pero, debemos admitir que estamos al borde de lo desconocido. Es un tiempo de prueba, un año misterioso, lleno de sorpresas, por lo tanto, la consigna del cristiano es: “vigilar, orar y trabajar.” Con la mente fijaAhora, fijad vuestra mirada en las cosas de arriba. ¿Cómo? Debemos fijar nuestra mente en las cosas del Espíritu. Esto requiere un esfuerzo intencional de la voluntad y disciplina espiritual. Aun así, la oración es necesaria en la batalla. Consideremos Romanos 8:6: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz, “ ¿Estamos buscando belleza física o espiritual? No os sintáis intimidados o maravillados por los poderosos o por los famosos, porque “Dios quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.” (Lucas 1:52). Como veis, debemos ser un pueblo guiado por la Palabra, un pueblo espiritual. Consideremos Efesios 6:17: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” El premioEl apóstol Pablo dijo: “Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13-14). En Lucas 9:62, Jesús dice: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” ¡Qué palabras terribles! Es decir, no ya más una dedicación a medias, pues carece de valor. Así es que, decididamente mirad hacia adelante, concentraos en el futuro, en la recompensa. ¡Avanzad! Al anticipar y esperar el año nuevo, no os sintáis apenados y oprimidos por los fracasos o éxitos del pasado, sino orad para que Dios os dé el deseo de ser vigilantes y de trabajar para el futuro, para la recompensa futura que os espera en el cielo. Pero, “corred de tal manera que lo obtengáis” (el premio). (1 Corintios 9:24). Señales que fortalecen la esperanza Esperamos una señal celestial del Señor. ¿Te has preguntado alguna vez si el Señor está esperando una señal de tu parte? No se nos promete un mañana, ya que “¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:14). Para estar seguros, no seáis como el hombre que tenía un talento, el siervo infiel (Mateo 25:14-30) y tampoco seáis estorbados: “¿Quien os estorbó para no obedecer la verdad?” (Gálatas 5:7) Por el contrario, orad, para que Dios os dé el deseo de servir y trabajar para el futuro. Tened la visión de Isaías: “Después oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.” (Isaías 6:8).
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