Diciembre 2007

¡MÁS CERCA!

„Mirad, velad, y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.” Marcos 13:33.

Omega

Aquí el término omega se refiere a vigilancia, pues sabemos, en efecto, que el tiempo está más cerca. En griego (apódosis) se define como el “fin”,  la recompensa de todos los esfuerzos que se han hecho. Es más, la palabra griega “omega”, la última letra del alfabeto griego, se refiere, una vez más, a la obra final, al fin. “Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (Apocalipsis 21:6). Pero en Lucas 12:37, leemos: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando...”
Es el crepúsculo, el anochecer, el fin, la culminación, la cercanía, quasi (en latín), es decir, estamos más cerca, aún más cerca.
“Viene el fin, el fin viene; se ha despertado contra ti; he aquí que viene.” (Ezequiel 7:6).

Una nueva Edad Media

Tenemos por delante el año 2008. Sí, este mundo soñoliento está pronto para la destrucción. El pecado está maduro, los desastres van en aumento, hay un resurgimiento de raras enfermedades antiguas tales como la tuberculosis, el SIDA, la lepra, etc. Estamos entrando en un mundo desenfrenado, airado, lleno de ansiedad e inseguridad. Es una época de música y modas detestables, marcas salvajes, de origen tribal (tatuajes), afectos viles y contra natura (homosexualidad), abortos, crisis, criminalidad, escándalos entre los predicadores, iglesias gigantescas, idolatría de ídolos americanos, corrupción abominable, peleas y envidia, abuso de sustancias perniciosas – drogas, alcohol, y nicotina, apetito depravado (obesidad), diabetes, enfermedades como el Alzheimer,  Parkinson, Esclerosis múltiple, etc. Vemos que los pecadores se hunden en el abismo del pecado. En efecto, estamos entrando en una nueva Edad Media, vivimos en los días tenebrosos del terror y entramos en un período de anarquía moral. (Mateo 24; 2 Timoteo 3).
Nadie puede negar que hay una increíble búsqueda de logros, éxito, fama, como también de riqueza, posición y poder. Incluso los padres conducen a sus hijos más allá de los límites. En la cultura de hoy en día, el hombre quiere emular a los actores de teatro, políticos y animadores de éxito, concentrándose en su vida privada y sus escándalos. Como veis, las horas más tenebrosas (la medianoche) son justamente antes de la llegada de la aurora y de la salida del sol– El Hijo de Dios. “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.” (Romanos 13:12).
Nosotros también vivimos en un mundo carente de comprensión, pero que desesperadamente busca la paz, paz entre los países en guerra, paz en nuestras relaciones, paz en nuestros hogares, paz en nuestros corazones y almas. Pero Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción.” (Juan 16:33).

Hablar y cantar

Volviendo a nuestro versículo inicial, como pueblo de Dios debemos tener mucho que decir sobre este tiempo de espera y vigilancia. ¿No es así? Parecería que hablamos más a menudo sobre este tiempo en nuestros sermones y exhortaciones, consejos, advertencias y preparación y tratamos de hacer lo que nos parece apropiado o lo que nuestra mente indagadora, y a menudo inclinada a dudar, considera que se requiere. Además, nos alegramos al cantar sobre ello en nuestros himnos, canciones y música espiritual. A menudo, vemos escrito sobre este tiempo en el evangelio, los testimonios, los periódicos, y las lecturas de la semana de oración.
Nuestra semana de oración pone cada año más énfasis en ello. Nuestra conversación común parece apuntar hacia el cielo y a las cosas eternas; sí estamos vigilantes y esperando.
En efecto, “no se puede ser un cristiano feliz si no se es un cristiano vigilante.” (8T, pág. 108). Es más, debemos “vigilar, trabajar y orar como si se tratara del último día que se nos concede.” (5T, pág. 200.) En efecto, profesamos creer que vivimos en ese tiempo y hemos estado viviendo en él por muchos años. ¡Nuestros pioneros y antepasados han estado “vigilantes y esperando” y nosotros estamos en la misma posición, aún hoy! “A veces parece difícil esperar pacientemente hasta que llegue la hora en que Dios vindicará a los justos,” (3T, pág. 327). Pero, aún así, El “vela por sus hijos con amor inconmensurable y eterno.” (MC, pág. 382).

¿Vigilar qué?

Todo esto está muy bien, pero ¿qué se debe vigilar? ¿En qué consiste esta vigilancia, en permanecer pasivos y  y mirar las nubes de los cielos, las estrellas, como los discípulos miraban hacia arriba cuando Jesús ascendió a los cielos? ¿Es sentarse con la mirada dirigida hacia fuera, como si se siguiera el movimiento de la aguja de un reloj? ¿Es acaso sentarse ante la ventana y mirar detenidamente a los peatones que pasan por delante de tu casa, como es la costumbre en muchos países?
No, absolutamente no.  Es más que esto. En Mateo 24:42, se nos amonesta que seamos vigilantes con respecto a la venida del Señor. “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Senor.” En el versículo siguiente tenemos la ilustración del buen hombre descuidado que permite que el ladrón entre en su casa. Debería haber sido vigilante,  pero no lo fue.  Pero esto va más allá de lo que podemos comprender, significa algo más que simplemente estar con la mirada atenta por si viene un ladrón. ¿Qué significa en realidad?
En esencia, significa avanzar en la obra, hacer algo antes de que venga el ladrón, prepararse de antemano. Lo mismo sucede cuando se es vigilante con respecto a la venida del Señor. Se debe hacer algo con respecto a su venida, antes de que tenga lugar. Consiste en dar la advertencia preparatoria y poner atención a ella; la advertencia del mensaje del tercer ángel, de los dos precedentes y de los mensajes accesorios y adicionales. (Apocalipsis 14:7-11; 18:1, 2, 4).
Lucas 12:37, al hablar de este tiempo, dice: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando...” Después de la ascensión de Jesús, un ángel encomendó a los discípulos que regresaran a Jerusalén y predicaran (vigilaran, trabajaran).

¿Estamos listos?

Lucas usa también aquí una ilustración. Es un evento relacionado con una boda oriental: “De cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.” (Lucas 12:37) Pedro, quien siempre hacía preguntas, quería que Jesús le dijera el propósito de la parábola y a quién se refería... ¿a “nosotros”, los doce, o “también a todos?” (41)  El Señor la aplicó a los siervos que estarían presentes a su venida: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando...” (37) Más adelante dice: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (43), por ejemplo, “dando a tiempo su ración” (vers. 42). La vigilancia es esencial para cumplir con lo que Dios quiere que su pueblo haga.

¿Estamos trabajando?

En Mateo, encontramos la advertencia o amonestación de vigilar y la bendición que reposa sobre la vigilancia. Lucas se refiere a hacer algo. ¿En qué consiste entonces este vigilar mientras se obra? Vigilar es reunir a la familia de Adán, a la familia del reino, y advertirla, instruirla, y disciplinarla para la venida del Rey. Vigilar es entonces trabajar. Horacio, el escritor de la antigüedad, dijo. “La vida, sin que se trabaje duramente, no otorga nada a los mortales.”
Es más, para aquellos que están atentos, vigilantes, el Señor aparecerá una segunda vez, sin relación con el pecado, sino para salvación. (Hebreos 9:28). “Queda todavía un breve período de vigilancia.” (2T, pág.192). “Por medio de la vigilancia y la oración, los puntos más débiles pueden transformarse en los puntos más fuertes.” (2T, pág. 511).
Así es, queridos hermanos, está muy claro en las Escrituras, que el Senor aparecerá como un Salvador trayendo salvación solamente para aquellos que están atentos a su venida. Hermano, hermana, y me dirijo esta pregunta a mí mismo: ¿Qué estamos haciendo? ¿Estamos esperando al Señor de la forma debida? ¿Estamos alimentando espiritualmente a la verdadera familia del reino, o simplemente estamos mirando el espacio con aire soñador?

Un nuevo año misterioso

“Muchos están en el umbral del reino esperando únicamente ser incorporados en él.” (HAp., pág. 80). Otros van camino al reino y murmuran durante todo el trayecto. Pero, debemos admitir que estamos al borde de lo desconocido. Es un tiempo de prueba, un año misterioso, lleno de sorpresas, por lo tanto, la consigna del cristiano es: “vigilar, orar y trabajar.”
“La vigilancia es la verdadera vida de fe:” (5T., pág. 235) Rogad, pues, al Señor.” (Mateo 9:38)
La oración es simple para nosotros porque le costó mucho a Jesús hacerla posible. Finalmente, no retrocedáis, sino que vuestra consigna sea: “Avancemos”. (6T, pág. 157). Dejad atrás el año pasado, y sentios motivados para servir al Señor en el nuevo año. Hagamos de este un año dedicado al Señor, poniendo en práctica las cosas que sabemos que harán esto posible: predicando el evangelio a los perdidos, advirtiendo a los que están en el camino errado, exhortando a los que son fieles. También, “proclamando el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de la venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados.” (Isaías 61:1-3) Indudablemente, nuestro deber y privilegio es, además, predicar la visión del ángel con el evangelio eterno, el mensaje del tercer ángel, el último mensaje de advertencia de Dios a la humanidad. (Apocalipsis 14:6-12).

Con la mente fija

Ahora, fijad vuestra mirada en las cosas de arriba. ¿Cómo? Debemos fijar nuestra mente en las cosas del Espíritu. Esto requiere un esfuerzo intencional de la voluntad y disciplina espiritual. Aun así, la oración es necesaria en la batalla. Consideremos Romanos 8:6: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz, “ ¿Estamos buscando belleza física o espiritual? No os sintáis intimidados o maravillados por los poderosos o por los famosos, porque “Dios quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.”  (Lucas 1:52). Como veis, debemos ser un pueblo guiado por la Palabra, un pueblo espiritual. Consideremos Efesios 6:17: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

El premio

El apóstol Pablo dijo: “Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13-14). En Lucas 9:62, Jesús dice: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” ¡Qué palabras terribles! Es decir, no ya más una dedicación a medias, pues carece de valor. Así es que, decididamente mirad hacia adelante, concentraos en el futuro, en la recompensa. ¡Avanzad! Al anticipar y esperar el año nuevo, no os sintáis apenados y oprimidos por los fracasos o éxitos del pasado, sino orad para que Dios os dé el deseo de ser vigilantes y de trabajar para el futuro, para la recompensa futura que os espera en el cielo. Pero, “corred de tal manera que lo obtengáis” (el premio). (1 Corintios 9:24).

Señales que fortalecen la esperanza

Esperamos una señal celestial del Señor. ¿Te has preguntado alguna vez si el Señor está esperando una señal de tu parte? No se nos promete un mañana, ya que “¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:14). Para estar seguros, no seáis como el hombre que tenía un talento, el siervo infiel (Mateo 25:14-30) y tampoco seáis estorbados: “¿Quien os estorbó para no obedecer la verdad?” (Gálatas 5:7) Por el contrario, orad, para que Dios os dé el deseo de servir y trabajar para el futuro. Tened la visión de Isaías: “Después oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.” (Isaías 6:8).
Sí, el nuevo año 2008 está por delante. Estamos al margen de lo desconocido, pero está pleno de brillo, novedades, optimismo, desafíos y se nos presentarán tantas oportunidades como nunca jamás. No demos lugar a Satanás, sino que redimamos cada momento haciendo la voluntad de Dios, “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” (Efesios 5:16).
El año viejo se acabó. Dejemos el pasado atrás. Luchemos con nobleza y energía para hacer que sucedan las cosas que sabemos muy bien que deben suceder. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).
Está más cerca, hermanos. Permanezcamos verdaderamente en Él y crezcamos en la gracia hasta que lo veamos cara a cara, porque no falta mucho para la resurrección, y entonces “estaremos siempre con el Señor.” (1 Tes. 4:17). Amén.
John Theodorou (EE.UU.)