Abril 2006

VIAJE
MISIONERO
A COLOMBIA

“Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas tierras.”
Proverbios 25:25

 

“Cristo nos dice cuándo será introducido
el día de su reino. No nos dice que todo el mundo será convertido, sino que ‘será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin’
(Mateo 24: 14).
Al dar el Evangelio al mundo, tenemos la posibilidad de apresurar
la venida del día de Dios. Si la iglesia de Cristo hubiera llevado a cabo la obra señalada tal como el Señor lo mandó, todo el mundo ya hubiera sido amonestado
y el Señor Jesús hubiera venido a la tierra en poder y gran gloria.” (La Maravillosa Gracia,
pág. 353).


Cuando piensas en Colombia,
¿qué te imaginas? ¿Tráfico
ilegal de drogas, comercio
de cocaína, el cuartel de Medellín, crueldad y violencia?
Pero Colombia es mucho más que todo eso. Es también un país con encantadores bosques y montañas espectaculares,
un país que produce extraordinarias esmeraldas y que tiene una necesidad desesperante de Dios.
A pesar de que uno debe afrontar muchos peligros al llegar a ese país, el mensaje
de salvación, la obra de Dios continúa avanzando con poder en Colombia. En la ciudad de Quinchia, en lo alto de la montaña, en la parte occidental del país, el pueblo de Dios se reunió para celebrar una conferencia, sesión de delegados, seminario,
y reuniones evangelísticas.
A los hermanos colombianos
se unieron visitantes de Venezuela, los Estados Unidos, Perú y Argentina en la sede del instituto teológico INSETES. Nos regocijamos de ver a antiguos y nuevos amigos y compartir la

Palabra
de Dios. Tuvimos el privilegio
especial de contar con la presencia del hno. Branko Cholich, Presidente de la Conferencia General y nos vimos muy beneficiados por sus conocimientos y sabio consejo.
El propósito de las reuniones
espirituales fue fortalecer
la fe de los creyentes y prepararlos mejor para buscar a las almas perdidas. El amor cristiano y la armoniosa
camaradería en todas las reuniones fueron una manifestación de la presencia
de Dios entre nosotros. Las sesiones de delegados fueron muy productivas.
Aunque en las inmediaciones
del campamento donde se realizaba la conferencia
se vio un soldado de la guerrilla y se me advirtió que no saliera a caminar ese día, Dios fue nuestro escudo y protección. Nadie sufrió ningún daño. A propósito,
un ex guerrillero fue bautizado durante la conferencia.
Rindió todo a Jesús –su plantación y laboratorio
de cocaína y su estilo de vida pecaminoso. El Espíritu Santo todavía convence a los pecadores de pecado y revela el amor de Jesús. El 15 de octubre, durante el culto matutino, dos reporteros


de una estación de televisión
local vinieron a hacer un reportaje de nuestras actividades religiosas. Después
de las tomas de video, nos hicieron una entrevista al hermano Cholich y a mí, (uno de los directores de iglesia
me prometió que la cinta no sería proyectada hasta que el hermano Cholich y yo hubiésemos salido de Colombia.)
Dios fue bodadoso con nosotros y guió nuestros pasos adonde fuera que viajamos.
Quiera el Señor continuar bendiciendo y haciendo prosperar a la Unión Colombiana con una rica cosecha de almas.
¿Cuál debe ser nuestra actitud con aquellos que todavía están sin esperanza en este mundo? Hay un testimonio
que habla en forma explícita sobre esta muy importante responsabilidad:
“En este país [Estados Unidos de Norteamérica] y en los países extranjeros, la causa de la verdad presente ha de hacer progresos más rápidos que los realizados hasta ahora. Si nuestros hermanos avanzaran por fe, haciendo cuanto pudieran para comenzar y si trabajaran
de acuerdo con las directivas
de Cristo, el camino se abriría ante ellos.

Si manifestaran la energía necesaria para obtener el éxito, y la fe que avanza sin oponer objeciones, en obediencia al mandato de Dios, obtendrían ricos resultados.

Resueltos a llevar a cabo precisamente lo que el Señor ha indicado que debe ser hecho, deben avanzar tan lejos y tan rápidamente como les sea posible.

Deben poseer ímpetu y una fe fervorosa e inconmovible... El mundo debe oír el mensaje de amonestación
(Manuscrito 162, 1905).”
(Evangelismo, pág.18).
–Henry Dering, EE.UU.