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EDUCACIÓN "La reverencia a Dios es el principio de la sabiduría" Proverbios 1:7. "En el sentido más elevado, la obra de la educación y la de la redención son una, pues tanto en la educación como en la redención 'nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo'. El gran propósito de toda la educación y disciplina de la vida es volver al hombre a la armonía con Dios; elevar y ennoblecer de tal manera su naturaleza moral, que pueda volver a reflejar la imagen de su Creador." (E. G. White, La Conducción del Niño, págs. 48, 49). El Señor tiene el propósito de educar a su pueblo en los principios de cielo a través de instituciones específicas que enseñan la verdad, preparan para el cielo y forman misioneros que puedan conducir almas a los pies de Jesús, pues las Sagradas Escrituras nos dicen: "Y El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven..." Apocalipsis 22:17. El Cielo invita a la humanidad y la Iglesia también lo hace, ya que es portaestandarte del mensaje de salvación: "... es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad." 1 Timoteo 3:15. Siendo el objetivo divino que la iglesia se convierta en un agente educador entre sus miembros y entre los habitantes de este mundo, deben fundarse instituciones que puedan llevar a cabo esta labor. A continuación se presentan alguna de éstas en vista panorámica a nivel mundial. Escuela del Hogar "El hogar es la primera escuela del niño. ... Los padres deben buscar fervorosamente a Dios, y obedecerlo sin reticencias, y deben exigir obediencia a sus hijos, y después asegurar su futura salvación mandándolos a la escuela [de iglesia] y a la escuela sabática." (E. G. White, La Conducción del Niño, pág. 294).
Escuela de Iglesia "Estableced escuelas de iglesia. Dad a vuestros hijos la Palabra de Dios por fundamento de toda su educación. Ella está llena de hermosas lecciones y sí los alumnos la convierten en tema de estudio en el curso primario de esta vida, estarán preparados para el curso superior en la por venir." (E.G. White, Testimonios para la Iglesia, tomo 6, págs. 453, 455). |